domingo, 18 de julio de 2021
COVID Y SEGURIDAD; UNA GOBERNANZA CON PASADO CERCANO Y FUTURO INMEDIATO.
jueves, 8 de julio de 2021
VUELVE EL TURISMO. LOS PROFESIONALES Y LA COMUNICACIÓN COMO ELEMENTOS DE NORMALIDAD.
viernes, 30 de abril de 2021
HACIA UN MODELO DE SEGURIDAD TURÍSTICA CIRCULAR
Desde hace varios años, se viene hablando de la economía circular, como un modelo que se basa en la sostenibilidad y el aprovechamiento de las materias que conforman la mayoría de los productos y bienes industriales, agroalimentarios, de la construcción y de los servicios. Experiencia que día a día va ganando adeptos a nivel institucional, empresarial y académico ya que, del actual patrón lineal “de ida” se va tendiendo hacia otro “de ida y vuelta” o de línea circular, a la que la actividad turística se está incorporando gradualmente.
Economía circular con unos procesos
tangibles junto a otros más etéreos e intangibles, pero todos necesarios para
su desarrollo, aunque los primeros pueden ser más visibles y comprensibles que
los segundos. Por lo tanto, junto al estricto aprovechamiento de las materias también
se han de tener en cuenta los “procesos administrativos” que facilitan su implantación
y cometido.
Llegados a este punto, ¿la
seguridad turística puede ver mejorado su estatus a través de los principios de
la economía circular? ¿Se está teniendo en cuenta la seguridad del futuro con
unos consumidores – turistas mucho más precavidos y garantistas? ¿Se está considerando
que los parámetros de marca, credibilidad y reputación se van a incrementar de
manera exponencial y no solamente por motivos de tipo sanitario?
Pienso que está llegando el
momento del “aprovechamiento inteligente y coordinado” de algunos de los servicios públicos al objeto de mejorar la realidad turística y de un
bien tan preciado como es su seguridad integral. De entrada, sería aconsejable
que el sector lo viera necesario, lo que le permitiría identificar con mayor
precisión tanto, los posibles riesgos y situaciones de crisis como, a los
interlocutores efectivos para esta iniciativa tan ambiciosa.
Por todo ello, y para recuperar el nivel de competitividad deseado, se ve necesario un
mejor aprovechamiento de los recursos propios y ajenos mediante la ampliación
de las relaciones con unos nuevos agentes. La deseada adhesión de éstos, es
posible que se convierta en su auténtico desafío, ya que existen muy pocas
referencias de “colaboraciones orquestadas”.
Partimos pues de los efectos de esta pandemia, con un sector con su propio marco legal que, se ve afectado por otros marcos legales ante los que carece de atribuciones, lo que hace que su labor diaria se vea seriamente condicionada.
Me refiero a la gestión y atribuciones sobre los entornos, lugares donde se dilucida la actividad turística y cuya responsabilidad recae mayormente, en instituciones colaterales. Seria conveniente interiorizar que, con la llegada de esta pandemia, esos entornos están en el punto de mira no sólo por sus atractivos sino por la existencia o no de unas medidas de seguridad mucho más consistentes.
Deseo señalar las medidas de tipo
diplomático, de seguridad policial, sanitaria, judicial, territorial, sectorial
y productiva, de movilidad y transporte, de comunicación y marketing, de
ciberseguridad, etc., etc., etc. a las que se reconoce sus servicios y presencia
en momentos críticos, pero desde la óptica del sector, sería más idónea que su participación
se llevara a cabo dentro de un contexto más estructurado.
En este caso, y a través del modelo
circular, se trataría de incorporar más nítidamente a esas u otras áreas en lo que denomino, “colaboraciones circulares” con el objetivo de ir reforzando el hecho turístico mediante la
creación de un sistema que le dote de nuevas herramientas y de más valor y reconocimiento
a todas las partes intervinientes.
Está en juego y lo reitero, la
marca, la credibilidad y la reputación porque seguirán siendo los factores
determinantes de competitividad social y sectorial, aunque para ello se deban
tener en cuenta una seguridad más personificada y
enlatada. Algo tan importante que creo, que la urgencia e importancia de su tratamiento queda
fuera de toda duda.
En definitiva, el futuro del
turismo y su seguridad tenderá a darse mediante la redefinición de su estructura de funcionamiento y de una mayor vinculación con agentes y
corporaciones que están muy cerca, vamos, entre nosotros.
jueves, 1 de abril de 2021
TURISMO – COVID; “EL TURISMO Y LOS TURISTAS IMPORTAN”
El sector turístico lleva un año sobrexpuesto, soportando múltiples vaivenes a un ritmo vertiginoso y copando infinidad de primeras páginas, con el agravante de una gestión que se ve enturbiada y que tiene serias dudas sobre cómo mantener el trazo de su presente y futuro.
Si antes de la crisis, para que
un turista accediera a su destino ubicado entre unos 1000 y 5000 mil
kilómetros, era necesario el engarce de diferentes servicios turísticos y no
turísticos, internos y externos y públicos y privados; con la llegada del Covid
19, muchos de ellos se vuelven del todo inservibles.
Además, y ante cualquier pequeño
resquicio de esperanza que da la pandemia e invita a poner en marcha procesos
muy concretos y finalistas, surgen situaciones y escenarios de tipo social,
ético y humanitario, sanitario, económico, de convivencia, de seguridad
integral, de movimiento de personas, trámites fronterizos y diplomáticos,
medidas restrictivas de todo tipo, horarios cambiantes, etc., etc. que llegan a
abortar esos pequeños brotes verdes.
Y atención, que nadie ponga en
duda que se han de priorizar las recomendaciones sanitarias ante otras de
diferente naturaleza, incluidas las turísticas y terciarias. Pero esta crisis
sanitaria, ha derivado en una crisis turística de dimensiones catastróficas que
requiere de un tratamiento diría que singular, tanto en su estricta parte
sectorial, como a la hora de aunar voluntades con los agentes y escenarios
antes señalados u otros hasta ahora no identificados.
Ante este conglomerado de
intereses y servicios que inciden en su actividad, ¿cuál es la capacidad que
tiene el sector para interrelacionarse con todos ellos y velar por sus intereses?
La ansiada vacuna ¿se convertirá en el
bálsamo que todos desean y punto? ¿las relaciones pretéritas volverán a ser
suficientes? O ¿deberán de ir aderezadas de esos u otros factores que es
probable que vengan para quedarse?
Estas dudas son visibles en la
mayoría de las realidades nacionales e internacionales, dando la sensación que el
sector se encuentra vinculado ¿y supeditado? a voluntades e intereses externos
y colaterales. Pensemos que los desplazamientos, estancias y desarrollo de experiencias
ociosas y recreativas siempre han estado ahí, aunque en cada época se han ido dando de
diferente manera, en función de las infraestructuras, tecnologías y de las
correspondientes condiciones sociales.
Una de las enseñanzas que nos esté
dejando el Covid 19, es el anhelo que muestran, pongo como ejemplo a los
turistas alemanes, hacia las Islas Baleares, que es algo a conservar y actualizar.
Son auténticas muestras de un vínculo, de un deseo por regresar a su hogar –
destino vacacional, de volver a anidar en él durante periodos de tiempo ya trillados.
Y esa querencia ha de ser tenida en cuenta entre las (nuevas) condiciones
sociales alemanas, españoles y hasta de la propia Unión Europea.
Condiciones que consideren que,
la gestión finalista de la producción y consumo a través de las personas -
turistas, es mucho más compleja y sensible que la de otros procesos
productivos. Que son sujetos diferentes país y destino, ciudadano europeo y
turistas, seguridad en los productos contratados y seguridad en los destinos, transporte
de mercancías y transporte de personas y turistas, sanidad ciudadana y
turística, etc, etc,.
Y que dicha singularidad exige de
una visión y tratamiento especial y añadido. El no hacerlo, está suponiendo que las
instituciones europeas se estén viendo desubicadas y sin las herramientas y
políticas precisas para superar los efectos de esta crisis y posibles situaciones venideras.
Creo que es un momento adecuado
para esclarecer que no se trataría de duplicidades, sino en auténticas
necesidades. Sería cuestión de revisar y definir cuál o cuáles son esas condiciones partiendo de una
posición incuestionable que, “el turismo y los turistas son lo que realmente importan”.
lunes, 22 de febrero de 2021
TURISMO Y COVID; ESPACIOS, VACUNAS Y NUEVOS HABITOS.
Desde hace varias décadas, se puede afirmar sin temor a equivocarse, que el desarrollo turístico se ha cimentado sobre unas débiles estructuras además de llegar a ser subestimado y señalado como “la raíz de muchos de nuestros males”, cuando éstos, no se deben al sector en sí, sino y se reitera, a su debilidad estructural, lo que le ha impedido implicarse en otros procesos propios de su naturaleza multidisciplinar.
Con la llegada del Covid, esta
situación se acentúa hasta llamar poderosamente la atención. Y es que debido al
factor prioritario que representa la salud de las personas; su tejido
empresarial se ve obligado a funcionar en precario y, sin que se vislumbre
solución alguna que contrarreste esta situación.
Si se profundiza, se verá que el
turismo y la hostelería por si mismos no generan contagios, pero se entiende
que, al estar vinculados al ocio y el esparcimiento, hace que surja un cierto
relajo en el comportamiento de las personas con la consiguiente ahora sí, transmisión
del virus.
Por lo tanto, nos encontramos con
un sector que, aun cumpliendo todos los requisitos higiénicos sanitarios, ve
que no son suficientes para seguir desempeñando su labor diaria. Lo que indica que
su suerte no solamente está ligada a sus procesos internos, sino que su entorno
y clima social, se convierten en elementos determinantes para su estabilidad.
En ese sentido, la pandemia
obliga a definir con suma urgencia, no sólo los aspectos financieros vinculados
a sus empresas y pymes, sino que el sector debería revisar su actitud e
implicación sobre los espacios públicos, sobre la calle.
Aspectos tan dispares como unos
nuevos perfiles de servicios públicos, de empleo, las nuevas medidas de
seguridad social y sectorial, unas garantías de desarrollo diferentes, la nueva
regulación y armonización de ciertos lugares y negocios, la aparición de espacios
alternativos, la sostenibilidad relacional de entornos y personas y la
innovación tecnológica como base de adaptación permanente; deberían de estar
presentes en las agendas del sector a través de todo un conjunto de acciones
orquestadas.
Y es que, pese a la llegada de la
vacuna y su subidón entre una ciudadanía exhausta, es posible que
muchos de los nuevos hábitos hayan venido para quedarse, y que probablemente se
tienda “a relacionarnos y viajar de la misma manera, pero diferente”.
Nuevos hábitos que seguirán
valorando la cercanía, pero a ser posible con “más distancia”, lo que incidirá
en los aforos y oxigenación de los espacios, se seguirá reconociendo el
elemento emocional de los destinos siempre que profundicen en mi yo como
persona – turista, la comunicación tenderá a ser más auténtica siempre que, tengan
la capacidad de informar sobre las nuevas medidas de seguridad. En definitiva, se
irá imponiendo una nueva empatía turística y relacional donde al consabido
componente ocioso, se incorporen y citen los procesos que lo garanticen.
Nuevos hábitos y compromisos que superen
las predicciones acomodadas y basadas en los viejos modelos ya que, pueden estar
cargadas de excesivo optimismo, lo que nos obliga a reforzar la confianza que,
durante muchos años, han ido depositando mercados y clientes en nuestros
intereses.
Esperemos y deseamos que, durante
la llegada y distribución de las ayudas extraordinarias, se encuentre en la
mejor posición posible y sepa discernir, entre las necesidades de las grandes
empresas y de las pymes, su papel en el tiempo de las post vacunas y su
relación con el entorno. Momento decisivo, donde esperamos estar bien ubicados.
Pues eso…



