miércoles, 15 de junio de 2022

HACIA UN NUEVO CONTEXTO Y MARCO TURÍSTICO Y DE LOS SERVICIOS

Nunca habíamos sentido tanta necesidad por viajar, hasta que nos hemos visto privados de ella, hecho que se ve condicionado, por nuevos y no tan nuevos parámetros y exigencias que se dan, tanto entre los gestores de los destinos como entre los turistas y consumidores. Y es que, pasada la pandemia, surgen otros factores de inestabilidad como la guerra de Ucrania, la política y geopolítica mundial, la llegada de una posible hambruna, un nuevo colapso económico, además de la urgente adaptación de los destinos a esos u otros motivos más triviales.

Por añadidura, debemos admitir que, el turismo es un fenómeno del que todo el mundo entiende y opina, lo que da lugar a que se den posturas encontradas. Es parte de su grandeza, la de un sector al que la mayoría desea vincularse por su componente ocioso, hedonista, vacacional, recreativo, etc., etc., y por propiciar el acceso a diferentes países, sociedades, culturas, tradiciones...

Situación que, con las nuevas tecnologías, da pie a que esté en boca de todos, con ideas muy diversas y subjetivas, pero todas respetables, que pueden llegar a generar presión y atención añadidas y que, deberán de tenerse en cuenta por todos sus agentes.

Y es que, nos adentramos, en un escenario donde se da el binomio conocimiento – desconocimiento, donde se puede admitir-renegar del turismo a través de posturas y visiones favorables - desfavorables. Y todo, en unos tiempos, donde se tiende a cuestionar y descodificar con suma facilidad lo existente - inexistente, mediante la aparición de ciertas posturas preconcebidas, mecanismos inducidos, comentarios sesgados, información manipulada, el uso de ideas falsas y poco testadas, etc., etc., y; lo más peligroso es que, todas ellas pueden llegar a ser presentadas como verídicas e irrebatibles.

Y es que estamos hablando de un sector atomizado, dependiente y multidisciplinar, al que se incorporan y descabalgan determinados elementos y funciones, lo que hace que su capacidad de “poner orden” se convierta en factor determinante de su actual y futura competitividad.  

Pero pese a todo, el sector sigue asentado y mostrándose resiliente aunque, en escenarios cada vez más abruptos y con (nuevas) incertidumbres, por lo que, sería aconsejable que el turismo dispusiera de un nuevo marco o contexto de contenidos y relaciones, para reforzar su estatus con medidas y políticas lo más concluyentes posibles.

Para ello, se parte de la actual distribución de poderes y responsabilidades públicas, desde donde se diseñan y se envían servicios bienintencionados que se incorporan a la actividad con sus respectivas visiones y patrones y ante los que, el sector debe adaptarse y entrelazarlos con otros servicios para que la prestancia turística y social no quede desequilibrada sino mejorada.  

Se trata de “servicios satélites” que surgen y se incrustan por exigencias ajenas y colaterales, que no afectan a otros sistemas de producción, pero que sí alteran e inciden en la producción y reputación del sector e instituciones.  

Ante esta tesitura, es lógico pensar que el turismo desee disponer de un entramado que le permita desarrollar sus funciones con una mayor comprensión, fluidez, naturalidad y con las herramientas y políticas más ajustadas a su responsabilidad y quehacer diario.  

De ahí, el objetivo de disponer de un nuevo marco o contexto donde sus responsables interioricen que lo fundamental para su consolidación, parte de controlar todo un conjunto de procesos para generar acercamientos en base a “reglas no establecidas” y todo, de la manera más oportuna y precisa posibles.  

Y es que, en un entorno tan cambiante y fragmentado donde todos tenemos la facultad de opinar, el reconocimiento de la actividad turística vendrá dada por su capacidad de “poner orden” y generar contextos que mejoren la actual maraña de relaciones turísticas y no turísticas. 


lunes, 25 de abril de 2022

COMO SUPERAR EL TEMOR Y LA ANSIEDAD DE LOS DESTINOS (IN)SEGUROS


 En la mayoría de los casos de violencia e inseguridad en el sector turístico, se constata algo muy trillado, que su actividad y responsables tienden a utilizar herramientas y procesos habituales de “destinos normales y seguros”.

Da lo mismo que la violencia e inseguridad tenga una raíz religiosa, nacionalista, de salud, militar, económica, territorial, de violencia interna y social, de catástrofes por alteración del medio, puntual o asentada en el tiempo, etc., etc., al final, el sector sigue interactuando sobre sí mismo, dando la sensación, que salirse de su zona de confort le puede volver más vulnerable e impreciso.

Su ideal continúa siendo “la vuelta a una pasada normalidad” pero, vivimos un tiempo cada vez más inconsistente y “menos normal” que nos exige superar actitudes defensivas y orientarnos hacia nuevas realidades sociales y turísticas que nos obligan a adaptarnos paulatinamente. Adaptación a regañadientes, porque persiste un rechazo que se refleja en consignas y soluciones excesivamente simples, aunque también se ha de hacer mención que, como sector, no dispone de los útiles necesarios para la mejora de un entorno social que, le es fundamental para su competitividad. 

Ello supone que los responsables turísticos que conviven con la violencia no tienen claro que funciones han de desempeñar, donde la narrativa de la ansiedad y temor personales y profesionales se vuelven enrevesados ya que no se acaba de entender porque se ven tan injustamente afectados por una violencia que nada tiene que ver con su actividad.

Realidades violentas e inseguridad donde sus gestores públicos sufren fuertes desgastes físicos e intelectuales que tienden a poner en marcha soluciones sencillas, pero que son escasamente efectivas para tiempos de incertidumbre. Para evitarlo, y conociendo el motivo principal que ocasiona ese temor y ansiedad incontrolados, sería aconsejable comprender cómo se llega a distorsionar el conocimiento turístico y de los servicios, se deforman las percepciones de sector y destino, y se cuestionan trayectorias hasta ahora exitosas.

Y es que toca vivir, en un mundo cada vez más dependiente, complejo y ambiguo, donde sería recomendable revisar los propios mecanismos y así esquivar esas propuestas milagrosas que parten de unas “burbujas turísticas” peligrosas e irreales. Hecho que lleva a reducir contactos y relaciones habituales, cuando, el momento exige ampliarlos drásticamente. Por lo tanto, sería adecuado reservar espacio táctico y productivo, para acercarse y comprender más profundamente “al mal” ya que no se sabe qué hacer para evitarlo.

Si se esquiva este compromiso, el sector se sentirá “marginado e irritado” porque no se le presta la atención debida, lo que se traduce en una pérdida de lucidez y poder de interlocución, con el consiguiente aumento de un temor y ansiedad que van erosionando su tejido social y sectorial, amén de irse impregnando de una desconfianza que le impide avanzar. Por todo, resulta necesario restablecer las relaciones transversales y en red propias de toda actividad turística que se precie. Junto a ese restablecimiento de relaciones que le son familiares, el sector debería inmiscuirse y relacionarse con sectores atípicos que, en muchos casos, pueden ser vistos como la antítesis de un “proceder turístico normal” pero que en las circunstancias que le toca desarrollar la actividad, pueden ser de vital importancia para su suerte.

Llegamos a un punto donde es muy habitual medir las diferentes capacidades de influencia y poder, diseñar y transmitir los procesos que se consideran imprescindibles para el normal funcionamiento de países y destinos turísticos. Pero no estaría de más, que se hiciera algún lapsus para revisar las intrincadas conexiones – desconexiones que condicionan el desarrollo normal de su actividad más, en tiempos de inseguridad e incertidumbre.  Entraremos en escenarios inhabituales como paso hacia un nuevo saber y avance de conocimiento.    

 

 

miércoles, 30 de marzo de 2022

EL TURISMO COMO FACTOR GEOESTRATÉGICO Y DE REALPOLITIK

 

De nuevo, y como no podía ser de otra manera, la invasión de Rusia a su vecina Ucrania está teniendo consecuencias negativas a nivel mundial, incluido el sector turístico y de los viajes. Qué duda cabe que su actividad está fuertemente ligada a sus recursos físicos ya que, sus procesos mecánicos de producción y de los servicios, han de estar interrelacionados con un entorno consignatario de los principales motivos de atracción. Por lo tanto, cualquier alteración física y social de dichos escenarios, se vuelven radicalmente en contra de su sistema productivo. 

Si analizamos las estructuras orientadas expresamente a su seguridad, vemos que existen programas y servicios de asistencia al turista. Se trata de un tipo de servicio finalista que forma parte, normalmente de estructuras de seguridad más genéricas. 

Con la llegada de esta invasión y guerra, comienzan a imperar conceptos como la geoestrategia y geopolítica, la “normalidad turística necesaria” se resiente “esperando que escampe” y buscando afanosamente fórmulas alternativas. Se da entonces a conocer los efectos económicos, los sobrecostos, la alta dependencia de ciertas materias primas, el freno en los flujos y transportes, la inseguridad real y percibida y todo tipo de desajustes que impiden el normal funcionamiento del sector.

Estoy hablando pues, de unas estructuras público- privadas, creadas para gestionar procesos muy definidos, con su diversidad de agentes, proveedores e intereses perfectamente delimitados y, con unas nuevas tecnologías que facilitan su interrelación y desarrollo.   

Pero ante la reiteración de las crisis que está soportando, sería conveniente que este sector turístico y exportador vaya depositando sus esperanzas en llegar a participar en estructuras e iniciativas de mayor y diferente calado ya que, las actuales por sí solas, le hacen sentirse dependiente y vulnerable.

Por ello, sería aconsejable que la actividad turística además de su papel socioeconómico vinculado a la cultura del ocio y el hedonismo, fuera capaz de aportar su granito de arena en aspectos geoestratégicos y geopolíticos, pudiendo convertirse en apoyo y desatascador de situaciones y escenarios enrevesados.  

Y es que, en los próximos años, es más que probable que, la actual geoestrategia y geopolítica deba de irse dotando de otros elementos y tácticas además de las militares, sociales y de política integral. En este sentido, los movimientos y desplazamientos de las personas, más complejos y sensibles que las de cualquier producto y mercancía, junto con sus habituales formas de vida y costumbres, se ven gravemente alteradas por las guerras y los diferentes niveles de violencia e inseguridad existentes en el planeta.

Por el contrario, una actividad segura se convierte en la herramienta clave para la imagen, credibilidad y confianza de personas, países y regiones, convirtiéndose en uno de los factores más importantes de autoestima y autorrealización a nivel global. Hablamos pues, de una de las expresiones más válidas y elevadas del trayecto experiencial de nuestras vidas. Y eso no deja de tener un valor incalculable desde cualquier punto de vista, incluida la geoestrategia y geopolítica.

Con la llegada del Covid 19, comenté la conveniencia de disponer de nuestra propia “vacuna anticrisis” basada en una nueva visión y cogobernanza que fuera capaz de unir a diferentes respetando la pluralidad institucional de la que se parte. En otra ocasión, hice hincapié en la necesidad de poner en marcha “políticas circulares en materia de seguridad turística”, como un mayor y mejor aprovechamiento de las estructuras públicas existentes. Quizás sean los escalones intermedios a cubrir para que el sector llegue a estar presente en la llamada realpolitik.

En definitiva, no desecho que, más pronto que tarde, iniciativas de geoestrategia y realpolitik utilicen premeditadamente argumentos turístico – hedonistas y de proyección - promoción para ayudar a resolver escenarios y problemas espinosos y enquistados.

La responsabilidad, está en manos de los poderes políticos el que acometan las iniciativas desde la necesaria y novedosa transversalidad interinstitucional.

Iñaki Garmendia Esnal. Experto en Gobernanza y Seguridad en el Turismo.

 

 

 




domingo, 30 de enero de 2022

ISLA DE LA PALMA; EN MODO GESTIÓN DE LA CRISIS.

                                            


Se acabó la larga erupción del volcán y su reguero de destrucción que ha dejado en la parte física y social de la isla. Finalizó el hecho diferenciado, extraordinario, fácil de proyectar y de ser percibido tanto desde las cortas como las largas distancias. Se acabó la demostración de una fuerza de la naturaleza que nada ha podido frenarla, aunque sigue dando algún que otro coletazo. Por añadidura, van desapareciendo los focos y los medios de comunicación y con ello parece que “La Palma, está dejando de ser noticia”.

Culminada esa fase, da la impresión que la crisis está perdiendo el protagonismo y gravedad que se le supone, pero sus secuelas están ahí, y con ello, llega el momento de gestionar – superar sus efectos, que son tan importantes o más que la causa que los generó.

Una actividad que carece de referencias pretéritas, y donde las rutinas habituales quizás no estén en consonancia con el tipo de servicio que se precisa. Se trata de un escenario novedoso con la presencia de un amplio abanico de instituciones y procedimientos, que trascienden de las competencias y responsabilidades habituales, ya que hablamos de una crisis de grandes dimensiones.

Situación que obliga a sus gestores a hacer coincidir intereses y objetivos muy dispares. Así, sería aconsejable que éxitos de tipo económico tuvieran su reflejo a nivel social y medioambiental y viceversa, mediante el desarrollo de esfuerzos proactivos con agentes de muy diversa procedencia, a los que denomino “grupos de interés”.   

Y ante esta prioridad, no sería nada descabellado considerar que su gestión se convirtiera en proveedora de futuras ventajas competitivas, que orienten a la isla hacia escenarios de liderazgo, de excelencia y de referencia para crisis venideras. Pero, siendo muy conscientes que se parte del peor escenario ya que, en algunos casos, no se podrá volver a la añorada época anterior. Se trataría pues, de una gestión de crisis que posibilite extender y modernizar, de la manera más justa y equitativa, el nuevo contexto social y productivo de la isla.  

Gestión – superación donde se da por sentado que la solidaridad y la dotación de fondos y recursos están llegando para quedarse. Una “sobredotación de recursos” que, sería aconsejable que fuera arropada por estructuras técnicas especiales, ya que todos se están viendo sobrecargados por la dimensión de las nuevas tareas y responsabilidades.

Crisis que, debido al gran impacto humano que ha tenido y tiene en la sociedad isleña, debería de ir creando espacios de convivencia, de encuentros, de reciprocidad y conexión. En este apartado, conviene hacer mención la más que probable aparición de procesos de tensión y ansiedad, tanto entre los destinatarios como entre los administradores.  Un mayor y firme compromiso de las instituciones con la gestión de la crisis y un conocimiento exhaustivo de la conducta implacable de los volcanes, facilitaría la distensión y comprensión entre todas las partes.   

En materia de comunicación, y ante una demanda de información finalista que no cesa, la gestión de la crisis se está viendo obligada a divulgar sus atractivos con sus “últimas novedades” y paralelamente, ve aumentada la información a nivel local, la emisión de los procesos de recuperación, la ampliación de los vínculos con los “grupos de interés”, el mayor esfuerzo en acciones de relaciones públicas, etc., etc.  

En definitiva, la gestión de esta crisis si desea solucionar alguno de sus muchos frentes, debería de solucionar “el todo”, priorizando con ello los criterios y políticas de compatibilidad.  La isla de La Palma ha de convertirse en referencia en superación de crisis, en un perfecto mecano que sea capaz de acoplar sus diferentes sensibilidades, y todo dentro de la necesaria mesura para no generar más alarmas de las que ya soporta. 





jueves, 2 de diciembre de 2021

ISLA DE LA PALMA: DEL DRAMA A LA INMEDIATA OPORTUNIDAD

                             

En bastantes casos, la actividad turística se ve en el disparadero y ha de justificar sus cometidos y características ya que su propia naturaleza puede estar generando cierta incomprensión entre determinadas capas sociales y económicas. A ello se unen unos tiempos y escenarios desgarradores, donde sector y subsectores se han visto afectados por la alteración de unos entornos que, nadie lo olvide, son elementos fundamentales para su desarrollo.

Pero a su vez, se trata de un sector que, entre alguna de esas peculiaridades cabria citar, su gran capacidad para adaptarse a escenarios inverosímiles siempre que, vaya acompañado por un cúmulo de circunstancias.

Un claro ejemplo lo tenemos en la erupción del volcán de la isla de La Palma, donde una vez delimitados los posibles riesgos, esa fatalidad se convierte en un nuevo motivo de atracción con la consiguiente llegada de curiosos y turistas. Situación dramática y provechosa a la vez, que da pie a un debate entre los intereses del sector y su relación con ese tipo de momentos especiales, por cierto; debate inexistente cuando se trata de otros sistemas productivos.

Y es que lo que siente un visitante y turista contrasta con lo que percibe y pueden estar sintiendo sus habitantes. Turistas que, después de unos primeros momentos de regocijo, puede que domine en ellos el silencio y la introspección, dando paso a una posible “mala conciencia” por un disfrute basado en un escenario siniestro. Pero cabe adelantar a turistas y ciudadanos que, muy probablemente, este hecho se convierta en un motor de desarrollo amén de convertirse en un eslabón turístico y de los servicios de suma importancia para la recuperación de la isla.  

En este sentido, sería oportuno recordar los múltiples procesos que se han de dar para generar realidades ociosas, como en el caso de la erupción del volcán. Pensemos que detrás de esa experiencia y su posterior recuerdo inmaterial, existe toda una red de servicios perfectamente interconectados para que se produzcan esta u otras prácticas parecidas.      

Servicios que, forzados por los acontecimientos, se han de orientar hacia la reinterpretación y adaptación de una “nueva - misma isla”. Y es que esa ineludible acción de transformación le permitirá conservar a la isla de La Palma su esencia como el territorio y destino que siempre ha sido.   

Para que se vaya dando, se debería tener en cuenta el cambio experimentado especialmente en los países y mercados desarrollados, donde ha quedado de manifiesto la importancia de los nuevos estilos de vida, con un claro ejemplo en la curiosidad mostrada por unos visitantes ávidos de experiencias únicas, singulares y exclusivas.

En este sentido, considero que la isla de La Palma va a quedar marcada por dos claros elementos diferenciales; el previo y el que se ha creado con esta erupción. Su competitividad y su potencial integrador serán más grandes cuanto más grande sea esa diferenciación, algo que ya se vislumbra a través de las expectativas que sobre su futuro se van creando.

Así, la reapropiación y aprovechamiento de las zonas afectadas se ha de convertir en factor determinante de una competitividad sectorial basada en su necesaria conservación – reestructuración. Para ello, sería conveniente priorizar los usos y potencialidades de esa “nueva zona” apostando por su nueva funcionalidad y “monumentalidad” y su consiguiente retorno económico.

Por derivación, sería aconsejable el desarrollo de proyectos públicos claros y dinámicos que marquen los espacios y las nuevas condiciones de intervención socio sectoriales.

Finalmente, reiterar la gran capacidad que tiene el turismo para adaptarse a situaciones inverosímiles o improbables, donde escenarios muy degradados puedan convertirse en escenarios de oportunidades algo que, no va reñido con las economías agro- ganaderas existentes en la isla, sino todo lo contrario. Y es que, ciudadanos y visitantes comienzan a idealizar el futuro inmediato de la isla… 





viernes, 29 de octubre de 2021

DESTINOS COMPETITIVOS; OFERTAS SUGERENTES & TRAVEL WORNINGs

Este grave momento nos ha demostrado que las estructuras gubernamentales se han visto superadas, por lo que no sería descabellado pensar que, su rápido fortalecimiento se convierta en la opción más sensata a la hora de superar esta u otras crisis. Por lo tanto, sería aconsejable que se fuera consolidando un “nuevo tiempo institucional”, con un mayor protagonismo en el devenir de la actividad turística. 
La pandemia ha incidido e incide en la salud de las personas y en el desarrollo del sector, lo que nos ha obligado a convivir en la más absoluta inmovilidad. Para recobrar la salud, competitividad y movilidad, sería aconsejable que se fijaran nuevas metas en materia de seguridad ya que, su falta ha incidido en los tres factores citados. Situación que nos ha vuelto más cautos, previsores y garantistas como gestores y consumidores finales. 
 En este sentido, cabe mencionar que ya ha habido una adaptación en seguridad por parte de las empresas, lo que ha supuesto la revisión y el aumento de sus correspondientes medidas. Todo con el objetivo de superar una crisis lo más rápido y armoniosamente posible. Como complemento y condición elemental de todo destino, vemos que internet está poblado de invitaciones a viajar, donde proliferan los conceptos superlativos para ser más likeados y pinchados. Se trata de propuestas muy cortas donde se maximizan tanto los mensajes como los sentimientos que se generen entre sus destinatarios. Para ello, abundan términos como “el mejor …”, “el más inhóspito…”, “el único…”, “los productos km 0, “naturaleza más exuberante …”, etc. Como en el caso anterior, en la proyección y comunicación los procesos de seguridad también están presentes, aunque eso sí, de manera bastante discreta. 

En suma, deseamos superar la crisis y para ello, idealizamos nuestros destinos y servicios, actitud totalmente comprensible, ya que estamos fomentado el ocio y la recreación en estado puro. Pero es posible, que en algunos casos existan claroscuros que enturbian esa placidez. 

Paralelamente, las recomendaciones, alertas y los denominados “travel worning” con su rol oficial e institucional son cada más demandados por unos (potenciales) turistas ávidos de una más detallada información. En este caso, se trata de un servicio que los países ofrecen a sus conciudadanos sobre las circunstancias con las que se pueden topar en el destino elegido y la posible incidencia en su seguridad integral. En este punto, deseo dejar constancia que su renovado protagonismo, no debe interpretarse como una “nueva actitud censora” hacia los destinos, sino que más bien surge por la dimensión de esta crisis y por la sensación de inseguridad que desde los mismos se ha ido propagando. 

En este sentido, hay veces que las alertas / travel wornings lleguen a señalarnos como destinos de dudosa reputación. Por añadidura, es posible que su información haya quedado obsoleta lo que nos estigmatiza injustamente. Pero todo ello, no nos exime de intentar alterar esas situaciones. 
A los redactores de dichas alertas, representantes de sus conciudadanos - nuestros turistas extranjeros, se les debe facilitar su labor, lo que supone un auténtico desafío en nuestra disposición a colaborar  en y desde los países – destinos, evitando a toda costa utilizar argumentos pueriles y de maquillaje. Por lo tanto, no desdeñemos a los agentes que nos recuerdan esos relatos incómodos más, en estos tiempos donde la información en materia de seguridad se convierte en un factor determinante de credibilidad. 

En definitiva, pensemos que trabajar en la seguridad de los destinos no representa ningún drama sino que, partiendo de un escenario positivo, debemos velar por nuestro cuidado y el de nuestros visitantes. El correspondiente trabajo sordo y discreto no tiene porque generar alarmismo alguno y si, además va acompañado de las instituciones afines, los resultados serán verdaderamente efectivos y manejables.