sábado, 14 de octubre de 2017

COACHING EN SEGURIDAD TURÍSTICA




Después de diseñar, cotejar y de participar en diferentes destinos turísticos afectados por la inseguridad y las crisis; he llegado a la conclusión que una de las herramientas más oportunas para hacer frente a esa inseguridad sectorial; es el desarrollo de un coaching específico en materia seguridad turística.
Y es que vivimos en un mundo interpretativo, donde “no sabemos cómo son los destinos turísticos”; solo sabemos que los observamos y a partir de ahí, los interpretamos. Un destino o interés turístico condicionado por la violencia e inseguridad puede ser observado desde diferentes puntos de vista y llegar a interpretaciones diferentes pero todas ellas, igual de fundadas.

Por lo tanto, en escenarios tan condicionados por las percepciones e interpretaciones que de ellos emanan; el “Coaching en Seguridad Turística” nos permite descubrir nuevas maneras de gestionar la actividad a partir de los escenarios limitantes que se pueden estar dando en estos momentos.
“Coaching en Seguridad Turística” que permita generar espacios adecuados para fortalecer el “poder basado en las relaciones” y que superen la posición de “poder basado en lo establecido” donde las actitudes están más o menos delimitadas.
Y es que la seguridad integral turística junto a las nuevas tecnologías exige de cambios en los modelos y técnicas de gestión. El descubrimiento de unas nuevas relaciones transversales; hace que los gestores turísticos y colaterales deban de incorporar nuevos atributos clave para desarrollar liderazgos efectivos en materia de seguridad.

Desde nuestro programa de “Coaching en Seguridad Turística”, hemos desarrollado todo un conjunto de relaciones que permitan a los líderes de la gestión de la seguridad profundizar en su conocimiento, aumentar sus rendimientos y mejorar sus parámetros de seguridad y control.
Un “Coaching en Seguridad Turística” que permite indagar en la conciencia de sus responsables en que “hay que dar un primer paso”. Este proceso iniciático se da normalmente por los resultados exitosos en otros destinos, porque se ha asistido a algún curso y se percibe la conveniencia de profundizar en el coaching o, cuando algún responsable dedica tiempo a desarrollar el conocimiento del coaching entre sus equipos.
Otro aspecto a tener en cuenta en nuestro “Coaching en Seguridad Turística” es el desarrollo de un “deseo de adaptación y de cambio” que debe de imperar entre los responsables de los destinos. El feedback ya existente entre sus diferentes agentes, las reflexiones íntimas y personales, la adaptación y comunicación vertical y horizontal, interna y externa y turística y no turística; son factores que les dotarán de nuevas actitudes y habilidades para liderar tiempos y escenarios turísticos convulsos.
“Dotarse de nuevas habilidades” es el siguiente paso que proponemos. Probablemente, los responsables de turismo en momentos de crisis saben “qué es lo más conveniente y qué se ha de hacer”, sin embargo, puede que carezcan de las capacidades para hacerlo. El coaching persigue el desarrollo de habilidades prácticas en equipos, en la dirección de reuniones interactivas, en implicar a nuevos agentes en escenarios atípicos y en la toma de decisiones límite.
“Aplicar las habilidades adquiridas en materia de turismo y seguridad”. Este apartado conllevará un cambio de comportamiento palpable. Su puesta al día irá reforzando lo aprendido y mejorando sus habilidades, pudiendo medir resultados e ir ajustando sus actitudes y comportamientos según los escenarios que se vayan dando. En todos ellos, el cambio de impresiones entre diferentes, debe de ser factor determinante de operatividad.
“El feedback en seguridad turística” Desde nuestro punto de vista, cuando la ampliación de las relaciones es palpable y permanente, cuando se percibe aprecio y reconocimiento por parte de todos los miembros y se impone la necesidad de una supervisión; este coaching nos orientará a un tipo de feedback de 360º en turismo y seguridad. Un enfoque que ganará adeptos entre todo destino que busque la competitividad y la diferenciación.
“La formación de nuevos hábitos”. Es el último paso que contemplamos. Se trata de un nuevo modelo de liderazgo y de cambio de comportamiento. La práctica continua y refinada de esa nueva destreza habría generado unos automatismos de gran valor para la gestión de la seguridad turística. Si se necesita refuerzo y recordatorio, se volverá al desarrollo del feedback entre sus responsables.


En definitiva, el “Coaching en Seguridad Turística” nos permitirá compartir con diferentes líderes del sector y ajenos al mismo, lo que posibilitará la creación de grupos de interés de gran poder de persuasión y de arrastre para el destino y el país o región donde se instale la filosofía del coaching específico en seguridad turística.  Algo esencial para poder hacer frente a los tiempos crispados en bastantes países y destinos.


lunes, 28 de agosto de 2017

Y AHORA BARCELONA…





De nuevo la violencia terrorista se ceba con la actividad turística internacional. Estambul, París, Londres, Manchester, Niza y ahora, la ciudad de Barcelona, otro referente turístico internacional de primer orden. Parece que las capitales europeas se están convirtiendo en objetivo de la violencia terrorista con la consiguiente incidencia negativa para sus respectivos intereses turísticos.
Los momentos de tensión vividos en Barcelona quedarán alojados en la retina de millones de personas debido a la magnitud de la tragedia y a su rápida proyección. Pero se ha de señalar que la ciudad, su estética urbana y paisajística y el conjunto de sus atractivos, han vuelto a recuperar todo su esplendor en un breve espacio de tiempo, por lo que la “sensación de normalidad urbana” tenderá a consolidarse muy rápidamente y con ello, su nivel de convivencia.
Además, La ciudad está incorporando ciertos elementos, tácticas y políticas para evitar que vuelvan a reproducirse hechos tan negativos posibilitando de nuevo, la utilización y disfrute de sus diferentes espacios y atractivos.
Pero pasados esos momentos de amargura, de luto social e institucional, considero que sería aconsejable la revisión de su actividad turística. Junto a la rápida recuperación estética están las secuelas de acto terrorista y su proyección externa que, están ahí.  Su repercusión ha sido y es muy grande por su alto componente rupturista e inhabitual, lo que le convierte en un acto fuertemente noticioso, frente a otros más livianos y cotidianos.
La potente proyección externa que se genera con este tipo de hechos, tiende a debilitar, sobre todo desde la distancia, la credibilidad de cualquier destino. Un descenso que incide en la “exportación del servicio turístico” tanto desde un punto de vista cualitativo como cuantitativo.
La lucha contra dicho descenso de la credibilidad es algo que se ha de convertir en objetivo prioritario para el sector. El momento tan sensible que vive Barcelona, el componente etéreo y de difícil medición de la credibilidad y la presión de ciertos colectivos ciudadanos, no deben de convertirse en un obstáculo insalvable a la hora de intervenir realmente en dicha materia.
Y es que, mientras no se luche contra la falta de credibilidad de forma integral e integradora, tal y como lo demandan los turistas y visitantes, seguirán existiendo fisuras a la hora de alcanzar el nivel de aprobación y competitividad que debe de existir en cualquier destino.
Pensemos que la credibilidad va unida a la percepción que tienen los turistas y visitantes de los destinos y a la capacidad de estos de exportar y vender servicios y experiencias. La credibilidad de Barcelona y de otros destinos, se adquiere a través de la suma de un cúmulo de “diferentes credibilidades”. El tratar de mejorar un único servicio, por ejemplo el de la seguridad policial y el de implantar determinado mobiliario urbano, aunque sea trascendental en estos momentos críticos; no será suficiente para la recuperación de sus intereses turísticos.
Y es que la “vuelta a la normalidad turística” exige el desarrollo de todo un conjunto añadido de procesos y tácticas específicas sobre esas mejoras visibles y tangibles que ya se han dado en la ciudad. Con ello se debe evitar que el sector, por la presión del momento, “quede prendado” de las rápidas mejoras que se han dado y que admita que son “suficientes para sus intereses”. Sería volver a convivir con las dosis de inseguridad e incertidumbre previas a este acto terrorista que, también minaban y debilitaban su estructura de recepción de turistas y visitantes.
Porque la inseguridad turística y su percepción y credibilidad externa se dan, sobre todo, por hechos tan terribles como los acaecidos la semana pasada pero también, por ese otro goteo diario de actos de inseguridad de y sobre los turistas y visitantes.
En ambos casos, sería aconsejable partir de escenarios muy negativos y desde los mismos, ir tejiendo fórmulas y protocolos de intervención que dieran cobertura integral al conjunto de las demandas de los turistas y visitantes en momentos de crisis.

En definitiva, ningún destino turístico puede garantizar la seguridad absoluta de sus ciudadanos y turistas, pero lo que sí es exigible es que todos ellos dispongan de respuestas preventivas y paliativas ante la aparición de todo tipo de crisis, violencia, inseguridad y terror. Está en juego la competitividad y la credibilidad de los mismos.

LA TURISMOFOBIA OTRO TIPO DE VIOLENCIA E INSEGURIDAD EN LOS DESTINOS.





En primer lugar, deseo afirmar que nunca he percibido que se haya hablado y escrito tanto de turismo y en términos tan coléricos y negativos, como en estos últimos meses.
Y es que ha comenzado a proliferar en algunos destinos turísticos españoles  y europeos lo que muchos denominan la “turismofobia”. Entendido el término, como una opinión o sentimiento que reniega de la actividad turística por la (supuesta) incidencia negativa que llega a generar a nivel social y sectorial. Opinión y sentimiento que, ciertos colectivos económicos, culturales y políticos, tratan de proyectar de diferentes formas; desde el legítimo rechazo a la actividad hasta, expandir diferentes acciones de violencia callejera contra la misma.
Una violencia que va dirigida hacia sus bienes; alojamientos, instituciones, recursos y atractivos, comercios, servicios, transporte, y frente a los cuales y hasta la fecha, no se percibe una respuesta firme tal y como la situación y el momento lo requieren. Y esto no finaliza aquí, sino que por extensión, los turistas a los que se les invita a visitar el destino, se ven coaccionados y afectados por esas formas de presión.
Hasta ahora se puede afirmar que, no pasa de ser un tipo de violencia puntual pero que si persiste, tenderá a ser percibida de manera negativa y arbitraria entre los mercados emisores de turistas y visitantes, con la consiguiente merma de atractivo.
La llamada turismofobia se da sobre todo, en destinos donde coinciden y comparten espacios y vivencias los lugareños y los turistas y visitantes, lo que exige de una gestión integral e integradora y de “doble cara”, lo que aumenta el grado de responsabilidad, de detalle y de minuciosidad entre el conjunto de los responsables públicos y privados.
Cuando esta convivencia chirria o no se da, se tiende a descargar la ira con los visitantes, cuando muy probablemente, la localidad - destino no haya contemplado el desarrollo de ciertos procesos para evitarlos.
Llegados a este punto, sería recomendable que destinos afectados por esta situación, incluidos los de mayor prestigio internacional, se autochequearan porque, muy probablemente sus organizaciones estén condicionadas por todo un cúmulo factores, incluidos los relativos a la seguridad.
Aspectos como las posibles carencias estructurales, el no tratamiento de procesos y normativa básicos, la existencia de algunos excesos y desajustes, ciertas dosis de autocomplacencia y una débil visión transversal; pueden que estén dando pábulo a esos colectivos que se enfrentan al sector, generándose otro tipo de inseguridad, en este caso, por la no aceptación y no ser bienvenidos los respectivos turistas y visitantes.
Llegados a este punto, parece que es más fácil defender otros sistemas de producción con sus consiguientes servidumbres y cargas de todo tipo que, defender la producción turística que lleva implícita, la convivencia con otras personas, los turistas y visitantes. 

Para hallar la mejora de la situación, considero que se ha de trabajar a nivel de país -destino, es decir a nivel social y sectorial. El desarrollar campañas internas de información relativas a las características y propiedades del turismo, algo que muchos consideran obsoleto e improductivo, parece que se está volviendo indispensable para retomar el cauce adecuado y necesario.
Entre otros, la seguridad ha de ser uno de los aspectos a tratar desde ambas esferas. Considerar que la seguridad existente en los países es válida y suficiente para responder a las exigencias del sector y de sus turistas y visitantes, es no conocer las auténticas necesidades de los mismos.
Y es que invitar a que se vayan a los turistas mediante carteles y escritos en vías públicas, les genera zozobra, inestabilidad e inseguridad, hechos del todo antipáticos y con fuertes dosis de xenofobia.
El profundizar en unos servicios y en una seguridad complementaria para los turistas y visitantes, no ha de ser contemplada como un privilegio, sino como una mejora más que incide directamente en la producción y en la modernización de toda localidad.
Y es que una planificación de doble cara, social y turística, ha de hacer compatible la vida del ciudadano con la del visitante y turista, lo que lleva implícito mejoras de calidad de vida y calidad en la oferta - destinos.
Por todo ello y lo reitero, creo que se impone la explicación detallada y minuciosa de las características del sector. El no hacerlo supondrá seguir a remolque de unos acontecimientos que seguirán pillando desprevenidos y con pocas respuestas a los respectivos responsables públicos y privados.




lunes, 31 de julio de 2017

¿SON SUFICIENTES LAS TÁCTICAS DE MARKETING PARA LA SUPERACIÓN DE LA INSEGURIDAD DE LOS DESTINOS?




Con la inestabilidad existente a nivel global aparecen noticias que invariablemente, son suplantadas por otras, casi de inmediato. En este contexto, las noticias sobre la seguridad – inseguridad de los destinos y países no son una excepción; ya que se ven reflejadas en los medios de comunicación y a través de otras fórmulas con acceso directo a los potenciales turistas y visitantes.
Ello genera un escaparate globalizado de entornos y realidades turísticas que persiguen captar la atención de dichos turistas con su consiguiente efecto de atracción, de indiferencia o de rechazo.
La emisión de dos tipos de información, positivas y negativas, hacen que las tácticas de marketing se hagan más visibles, tanto por reiteración como por contenidos. Esta sobreexposición tiene como objetivo contrarrestar los efectos negativos de toda realidad violenta y su proyección entre los mercados.
Sin embargo, considero que dicha táctica de marketing debe de ser complementada de otros elementos o actividades que la refuercen y le doten de más credibilidad. Hemos de pensar que el diseño y contenidos de los mensajes están creados preferentemente para reforzar los intereses de unos destinos condicionados por la violencia e inseguridad pero, la consabida intervención sobre las causas y los efectos de la inseguridad, siguen siendo una asignatura pendiente, lo que impide que dichas tácticas de marketing dispongan de nuevos argumentos y generar con ello, la confianza y credibilidad necesarias entre sus respectivos clientes.
Otro aspecto que deseo señalar es la influencia negativa que la inseguridad genera entre los agentes turísticos, públicos y privados, del cualquier destino internacional. He hecho varias veces referencia a la inestabilidad, al conformismo, autocomplacencia y a la resignación de los agentes del sector cuando conviven con la violencia e inseguridad. Agentes que por otra parte, soportan los efectos de la inseguridad y violencia, llegando a estar sicológicamente muy condicionados.
Agentes públicos y privados, a los que considero piedras angulares del sector por representar a las empresas, instituciones y a sí mismos en dichos momentos críticos.
Unos agentes que en su fuero interno…
  • Llegan a ser víctimas de intimidación y de estar expuestos a la violencia y a lesiones físicas y síquicas.
  • Soportan relaciones tensas a nivel profesional y hasta personal ocasionadas por unos escenarios que no controlan, lo que les genera falta de atención.
  • Están en permanente posición de vigilancia lo que les impide poder relajarse y desempeñar sus funciones con total normalidad.
  • Presentan signos de agotamiento, de falta de convicción, de inmovilismo y de conductas contradictorias a la hora de exponer / no exponer la situación con la que conviven.
Esos mismos agentes, son los que priorizan las tácticas de promoción y marketing a la hora de buscar soluciones a su precaria situación profesional y hasta personal. Unas tácticas de marketing logradas y sofisticadas que por el contrario, se ven frecuentemente superadas y condicionadas por la violencia y las crisis, lo que se traduce en actitudes y mensajes confusos y, en muchos casos insuficientes con los objetivos y escenarios que se persiguen.

Para mejorar dichas tácticas y contenidos de marketing y con ello el estado anímico de sus profesionales, será aconsejable que la respuesta a la inseguridad turística…
  • Tienda hacia la búsqueda de nuevos colaboradores.
  • Parta de la dura realidad. No existe el perfeccionismo sectorial cuando se convive con la violencia e inseguridad. No nos engañemos ni se intente engañar.
  • Aprenda a poner en marcha nuevas y firmes relaciones disfrutando del conocimiento que aportan. Nuevas líneas de pensamiento e intervención, institucional y empresarial, para reducir responsabilidades y ampliar el abanico de mejoras
  • Se cuide integralmente los intereses, públicos y privados, dentro de un contexto de país y destino.
  • Se tiendan a resolver los nuevos cometidos, que serán más sencillos y fluidos de desempeñar cuando se dispongan de los colaboradores específicos.
No deseo finalizar, sin hacer mención a la influencia positiva que dichas mejoras tendrán no sólo en el sector, sino en el conjunto del país o destino. Y es que, como el sector turístico ha tenido mucho que ver con la modernización de las grandes infraestructuras y equipamientos; estas otras también redundarán en la calidad de vida y en la seguridad integral de sus ciudadanos.






jueves, 20 de julio de 2017

EL AUTENTICO VALOR DE LA SEGURIDAD TURÍSTICA




Ref: Global Protection Gate.

La solución al desafío de la inseguridad se irá alcanzando a través de profundos acuerdos entre la sociedad y el sector turístico, lo que obligará a poner en marcha iniciativas no tenidas en cuenta hasta la fecha, que darán paso a un paulatino reconocimiento de lo que supone la inseguridad integral para los destinos y el sector.

Partimos de destinos e intereses turísticos que conviviendo con la inseguridad, utilizan infinidad de clichés, consignas, eslóganes que, unidos a las nuevas tecnologías, les permiten navegar con cierta autocomplacencia pese a seguir soportando dosis y realidades inseguras con las consiguientes dudas y falta de credibilidad. Esto hace que, desde el sector, la auténtica reacción ante la inseguridad tarde mucho en darse, lo que pospone y dificulta el llegar a superar dichos escenarios y situaciones límites.
Además, tal es la fuerza de “lo establecido en materia de seguridad” que existen escasas posibilidades de alterar este escenario mediante el desarrollo de iniciativas y políticas más transversales. 
Y es que están muy definidas las estructuras, responsabilidades y funciones de seguridad y su relación, siempre puntual y diplomática, con un sector turístico que, en la mayoría de los casos, continua  acomodado y con una notable falta de convicción en esta materia. Ello hace que se acepten como “buenas” las realidades existentes aunque todos sepamos que la inseguridad, en mayor o menor medida, sigue estando presente.

Tomando todo ello como referencia; ¿por qué es necesario profundizar en el valor de la seguridad turística?

Porque la seguridad turística se convierte en un nuevo campo de conocimiento para muchos agentes y estamentos. De hecho, profundizar en la seguridad turística no significa negar la realidad existente, la inseguridad es algo inevitable que está ahí, y a la que se debe de hacer frente integralmente.

Porque los que se encierran en “lo suyo” y en “a mí esta vez no me ha afectado” en su fuero interno, son conscientes que el desarrollo de su actividad no satisface integralmente las demandas del propio sector y de sus turistas y visitantes.

Porque existe “otra seguridad de rango superior” necesaria a todas luces, pero que no tiene en cuenta ciertos factores fundamentales para el sector y su desarrollo.Un claro ejemplo que se percibe en la mayoría de los destinos internacionales es, la existencia de una “prioridad y certeza policial”  que, considero sería aconsejable que estuviera acompañada de un conjunto de procesos decisivos para la suerte turística de los destinos. Si esto no se da, se seguirán obviando las necesidades reales del sector, la frustración seguirá estando presente y continuará asentándose esa dudosa reputación entre los mercados y los turistas.

Porque en la seguridad turística, una mayor participación sectorial (no solo monetaria) no es obstáculo ni enemiga de nadie. Poder intercambiar opiniones sobre lo que se ha de hacer en esta materia, supone un salto cualitativo para el sector y para los colectivos e instituciones colaterales.

Para que todo ello se desarrolle con total normalidad, las demandas del sector no deben tratar de agitar la estructura de seguridad existente sino que, desde una mutua aceptación, se ha de tender al enriquecimiento, a la dotación de mayor valor para todas las partes implicadas y en consecuencia, a la mejora de la exportación del servicio turístico nacional.
Pensemos que, frente a la angustia que genera la inseguridad, su desarrollo sectorial ha de conllevar la superación de funciones y responsabilidades preestablecidas que irán generando un escenario social y turístico más solidario y compartido.


Porque en definitiva, cuando un país o destino se enfrenta a una inseguridad persistente, no basta con apelar y utilizar las estructuras y normativa vigentes, sino que se deberán buscar nuevas fórmulas y relaciones que las superen y complementen; donde queden perfectamente delimitados los objetivos, no solamente sociales sino también sectoriales.

miércoles, 29 de marzo de 2017

LA SALIDA DE LAS CRISIS TURÍSTICAS; LA SUTILEZA vs. LA MILITARIZACIÓN.




Desgraciadamente para el sector turístico y desde hace varias décadas, las crisis por violencia y terrorismo han estado y están presentes en muchos países y destinos. Me refiero a esas ciudades y entornos que se han tenido que adaptar a escenarios no deseados y se han visto obligados a modificar aspectos de tipo social, dotacional, de convivencia y de costumbres, con la consiguiente alteración de sus estructuras y funciones turísticas.
Una relación con la violencia e inseguridad, bastante prolongada en el tiempo lo que ha debilitado el espíritu emprendedor del sector dando paso a una cierta indiferencia. Por lo general, los agentes turísticos tienden a pensar que “se haga lo que se haga, la situación no varía”, que “ellos no pueden hacer nada más” y que “no disponen de los elementos necesarios para hacer frente a esos momentos críticos” lo que frecuentemente, se convierte en una actitud de “espera hasta que escampe”
Por otro lado, está surgiendo otro tipo de violencia, de crisis y de terror más puntual y de corta duración, que podemos denominar como “terrorismo express” y que también está influyendo negativamente en los intereses (turísticos) de las ciudades y espacios donde se presenta.
La novedad en este caso, es que estos hechos violentos están generando una gran  repercusión en los medios, superior a la que se generan en los destinos donde la violencia está más asentada y  es que; parece que con el paso de tiempo, todo se vuelve peligrosamente habitual  y con ello, va perdiendo la capacidad de convertirse en noticia.
 Se puede afirmar que, salvo realidades muy puntuales, en ambas situaciones los responsables están reaccionando de manera muy similar. La vulnerabilidad y el aturdimiento hacen acto de presencia y el sector sigue sin implicarse en nuevos cometidos y sin disponer de la estrategia, equipamientos y referencias adecuadas.
Esta doble realidad de crisis e inseguridad nos permite identificar, con matices claro está, dos tipos de actitudes:
·         El dejar que pase el tiempo, con intervenciones de escaso calado y cierto maquillaje.
·         Esa otra postura recién llegada, y que amparada en una latente inestabilidad geopolítica; propone “militarizar” los destinos y la actividad como la “única fórmula” para superar la crisis (turística).
Personalmente, considero que en el centro de ambas está la virtud y la posibilidad de superar adecuadamente estos momentos y situaciones límite. Por lo tanto, creo que, debe de existir una seguridad en la actividad turística firme a la vez que sutil.
Y me explico, la seguridad en el sector es importante pero sin traspasar unos límites ya que podría llegar a estrangular y modificar sus espacios y atractivos hasta hacerlos improductivos. El derrotar al terror está muy bien pero, que ello no conlleve la paralización y el desmantelamiento de su producción turística y terciaria.
En este sentido, el intentar mejorar la seguridad sectorial a costa de reducir algunas de sus singularidades como son el tacto, la sutileza, su estética y su producción ociosa y hedonista; me parece que es no tener en cuenta su idiosincrasia.
Cuando me refiero al tacto, la sutileza, y a la estética turística en momentos de crisis, deseo poner como ejemplo unos pocos aspectos, comportamientos y servicios que la actividad turística está aportando a la vez que exigiendo como son…
·         La incidencia que  tiene en la imagen y marca de los países.
·         El desarrollo de un servicio policial específicamente turístico, donde la estética y el servicio se ha ido moldeando y consolidando hacia “algo más propio”.
·         A ese mismo servicio de la policía turística que, en algunos países está unido al de la ciudadanía, con el objetivo de aproximar  y humanizar el servicio.
·         A la mayor apertura policial hacia los ciudadanos y turistas mediante otro tipo de actitud, de información y de la utilización de soportes y comportamientos diferentes.
·         A un sector turístico que puede llegar a solicitar protección policial para sus servicios y turistas, y ese mismo sector es capaz de renegar inmediatamente de dicho servicio, por su falta de sutileza y estética turísticas.
·         La utilización de un mobiliario urbano específico que, sin dejar de ser efectivo desde el punto de vista de la seguridad, es capaz de aportar belleza y servicio al ciudadano y visitante.
·         Etc., etc.
Deseo hacer constar que son totalmente insuficientes y que se deberán de incorporar más procesos y servicios para hacer del sector menos dependiente de la violencia, de la inseguridad y de las crisis.
Para que ello se desarrolle, insisto en la necesidad de crear nexos de unión entre el sector y todo un conjunto de entidades y colectivos externos.

La no existencia de dichos nexos y la debilidad estructural correspondiente, pueden facilitar el desembarco de procesos y servicios excesivamente militarizados y con una escasa perspectiva y visión turística.