martes, 3 de marzo de 2020

EL CORONAVIRUS; INCIDENCIA EN LA SEGURIDAD DE LOS DESTINOS (II)



Ha pasado una semana desde que colgué el articulo con este mismo título. Y he de admitir que la situación mundial del coronavirus está superando todos las expectativas y escenarios que me había formado sobre dicha epidemia a la que, quizás ya debemos de llamar pandemia.
Si me sigo retrotrayendo, veremos que el 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud, OMS, promulgó una serie de recomendaciones, entre las que no había restricción alguna a los viajes y el comercio en general. Dicho organismo sigue trabajando en estrecha colaboración con la Organización Mundial del Turismo (UNWTO), con expertos globales, gobiernos y diferentes asociados para dar a conocer la base científica de este nuevo virus y su posible incidencia en el mundo social y de los desplazamientos.
En este contexto los gobiernos e instituciones tienen el firme propósito de pensar y priorizar en las personas y para ello, la colaboración internacional se presenta como factor decisivo.  Y es que estamos inmersos en un escenario que está alterando la vida y costumbres de muchos países y sus respectivas actividades turísticas y de los servicios.
Pero como escribí en dicho artículo, parece que “vamos a remolque de unos acontecimientos que superan lo establecido”. En ese sentido, y teniendo en cuenta la dificultad que supone el control de procesos, ideas e intereses ajenos y externos; se observa que la mayoría de los organismos, trabajan por dotar a los países, destinos y ciudadanía de la coordinación y/o sistematización de todo un conjunto de servicios sociales, y entre ellos, los turísticos de los viajes y servicios.
Como consecuencia, es ahora cuando surgen términos como “desarrollo de los necesarios protocolos”, “nuevos procedimientos de actuación”, “sistemas de vigilancia y control”, “definición de los espacios de riesgo”, etc., etc., etc. Y es que todos desean trasmitir su honda preocupación y la necesidad de involucrarse en la revisión y fortalecimiento de los servicios existentes.  
Además, y aunque cueste admitirlo; las instituciones y gobiernos se ven superados porque no llegan a contrarrestar los efectos perversos de esta u otras crisis similares.  Y para intentar resolverlas, admiten la necesidad de identificar nuevas fórmulas de colaboración que supuestamente no eran necesarias pero que, escenarios como el actual, así lo aconsejan.  
Llegados a este punto, vuelvo a proponer el desarrollo de políticas transversales en base a la seguridad de los países y destinos. Políticas donde han de estar entrelazadas aspectos tan dispares como la salud, el territorio, la justicia, las actividades del sector turístico y de los servicios, la seguridad ciudadana y turística, su proyección interna y externa, etc., etc., etc.  
Qué duda cabe que en el caso que nos ocupa, el eje central de las políticas citadas ha de ir unida a la salud de las personas, con su correspondiente interactuación. Políticas de salud entrelazadas a otros factores y sectores ya que se ven afectados por esta epidemia/pandemia, totalmente ajenas a su quehacer diario. Así iniciativas finalistas de higiene y de relaciones personales han de ser vistas dentro de un contexto mucho más amplio para que la credibilidad de naciones y destinos y sus sistemas sociales y de producción recuperen el perfil que se merecen.
La solución médica y científica de este virus y su aplicación a nivel local y universal, facilitará la vuelta a la “normalidad” pero, la mayoría de los países se habrán visto cuestionados ante la falta de respuestas integrales, tanto de tipo interno como externo.
Por todo ello, propongo que nos vayamos convirtiendo en “sujetos pensantes” que mediante nuevos protocolos, sistemas o relaciones estratégicas entre diferentes, vayamos adquiriendo un grado de conocimiento y preparación superior al que se dispone actualmente. Y es que, por muy innecesarios que nos parezcan este tipo de protocolos, las crisis son cada vez más cortas en el tiempo, pero mucho más frecuentes.    
   


    





jueves, 20 de febrero de 2020

EL CORONAVIRUS; INCIDENCIA EN LA SEGURIDAD DE LOS DESTINOS



Los destinos y la actividad turística no desean verse condicionados por la inseguridad que puede surgir de la forma y momento más inesperados. Se trata de situaciones difíciles de contrarrestar, porque se admita o no, aparecen “vínculos directos e indirectos con una inseguridad que está ahí”, aunque su raíz, procedencia y naturaleza se encuentren a miles de kilómetros.

Un claro ejemplo, lo tenemos en el Mobile Wrold Congress (MWC) de Barcelona que, este año se ha visto obligado a cancelar su certamen anual por temor al contagio del coronavirus. Situación que influye negativamente en su sector turístico, aunque continúe desarrollando su actividad de forma más o menos normalizada. Y es que estamos hablando de una epidemia que, en principio, nada tiene que ver con la organización de una feria tecnológica pero que afecta a infinidad de parcelas, incluidas la actividad turística y de los servicios de la Ciudad Condal.   
Vivimos en un tiempo donde se ha de reconocer la fluidez en los desplazamientos, en el acceso a los destinos y en la circulación de personas y mercancías pero, también se ha de tener en cuenta que, cualquier suceso puede alterar drásticamente lo existente y programado. Se trata pues, de situaciones que preocupan al sector y ante lo cual, se sigue reaccionando y actuando a remolque de unos acontecimientos y sin la debida interlocución.
Por derivación se piensa que, disponiendo de la “seguridad local finalista”, la ciudad y el evento tienen el reconocimiento y las garantías necesarias. Pues craso error, porque cuando surgen todo ese desajuste o conjunto de desajustes externos, ambos se ven penados de manera injusta y desproporcionada y sin que se sepa a ciencia cierta cuál o cuáles son los motivos reales para la cancelación de dicho certamen u otros similares.
En este sentido, factores tan difusos pero coincidentes en el tiempo como ciertas cifras y noticias, la posible incidencia en la salud de las personas, las recomendaciones emitidas desde algunos ministerios y secretarías, el impacto de algunas imágenes, la coincidencia o no de diferentes intereses y hasta determinadas posiciones geoestratégicas; pueden ser algunos de los motivos que han llegado a paralizarlo.
En todo este contexto, es lógico que Barcelona tenga dificultades para adaptarse a un escenario global del que forma parte, y que además “le insta a involucrarse en procesos añadidos y no habituales”. Ello hace que reine la incertidumbre ante la necesidad de gestionar una serie de relaciones y conexiones cada vez más complejas y enmarañadas.
Llegados a este punto considero que parte de su asentada experiencia social y sectorial, quizás deban de ser revisadas y analizadas desde el punto de vista metafísico y con ello irse inmiscuyendo y adquiriendo un mayor encaje interno y, sobre todo externo.
Una profundización basada en la observación, conocimiento y entendimiento de lo universal y dirigiendo la atención a aquellos aspectos que superan lo meramente físico y empírico que representa la Barcelona actual como ciudad y destino.
Qué duda cabe que, en esta nueva trayectoria, la inteligencia artificial ha de facilitar y simplificar la penetración de la metafísica en el mundo del turismo y de los destinos. Y es que, la conexión y relación de diferentes estratos y materias en materia turística, de seguridad y de percepción en un mundo cada vez más interconectado; se convierten en nuevos factores determinantes de competitividad, credibilidad y fiabilidad a nivel local y global.
En definitiva, nuestra aceptación y aprendizaje “de lo universal”, nos ha de ir convirtiendo en permanentes “sujetos pensantes” para entender mejor lo que pasa y no pasa a nivel universal y en nuestro propio entorno.  Ello nos irá dotando de una experiencia cada vez más notable, profunda y sensible para poder acceder a tan ansiado reconocimiento y se reitera, de la consiguiente aceptación entre los mercados


domingo, 1 de diciembre de 2019

APORTACIÓN DE LA SEGURIDAD A LOS MOMENTOS CRITICOS DEL MEDIOAMBIENTE Y LA SOSTENIBILIDAD






Vivimos tiempos donde los problemas medioambientales y de sostenibilidad están a la orden del día. Escenarios cada vez más graves y preocupantes que hace difícil desatenderse de los mismos. Y claro está, la actual y futura actividad turística no es ajena a esta realidad. Garantizar la armonía y el equilibrio junto a otras actividades sociales y productivas; es y será una de los retos más decisivos a corto y medio plazo, para sus instituciones y sector empresarial.  
En este sentido, este clamor social y universal se va convirtiendo en un mantra y referencia desde el espacio local hasta el universal. Tendencia que irá obligando tanto a los países como a los mercados a revisar sus procedimientos y formas de desarrollo por la excepcional relación que ha de existir entre las comunidades, el medio ambiente y el sector del turismo. Por lo tanto, podemos hablar de un momento crítico, a la vez que cambiante y en permanente observación y análisis.  
En este momento, ¿tiene algún sentido seguir haciendo referencia a la seguridad estrictamente turística de los países y destinos, cuando se considera que ha de ocupar una posición menos urgente y preeminente? O, por el contrario, ¿la seguridad puede llegar a incidir en la causa y efectos del medioambiente y en la sostenibilidad de esos países?
Si profundizamos en el factor de la sostenibilidad en la actividad turística, cuesta extraer e identificar la seguridad en sus tres apartados; el económico, el medioambiental y el socio – cultural. Sin embargo, en este último y dentro de lo que podemos denominar el “mantenimiento de los equilibrios sociales”, podríamos incluir al factor de la seguridad de tipo social y sectorial.
Y es que la seguridad no es un objeto menor, ya que los riesgos ambientales y sociales están o pueden estarlo en los países – destinos; me refiero a impactos negativos que exigen de técnicas e iniciativas concretas de planificación y manejo de dichos momentos de crisis. 
Una seguridad que, si decae no sólo influye negativamente en dicho apartado, sino que por extensión incide en su factor económico y ambiental. Incidencia que se ve reflejada en la angustia de su ciudadanía, en el freno de la producción (turística), en el deterioro y baja utilización de los espacios y servicios existentes y, en una imagen - proyección que va decayendo, y donde se va imponiendo lo que denomino, “clima social negativo”.
Una (in)seguridad que, basada en unos desastres naturales y en la destrucción de sus atractivos y recursos, llega a alcanzar el apoyo y la solidaridad de la mayoría de los países y que, unida a la inseguridad generada premeditadamente por personas y dirigidas a las personas; hace que las ayudas y puesta en valor de servicios de seguridad integral sean más necesarios que nunca por una cuestión humanitaria y para poder restablecer la normalidad espacial, social y productiva.   
Si llegados a esta situación, se tiende a ningunear las necesidades de seguridad socio – sectorial; los países – destinos se verán abocados a sufrir carencias de difícil solución y recuperación. Por ello, y dentro de los objetivos de mejora, se debe superar la tentación de “involucrarse sólo superficialmente” en procesos de seguridad, por poder ser “más abruptos e impopulares” que el resto de los procesos de recuperación física y sociológica.
En definitiva, los países – destinos están sujetos a una serie de riesgos naturales y sociales con sus correspondientes impactos. No es posible que la actividad turística quede exenta de cualquier compromiso y responsabilidad ya que basa su producción en el uso estratégico de unos recursos y atractivos en buen estado. Cuando estos se ven deteriorados, el sector ha de hacer un esfuerzo suplementario sin esperar a que las instituciones realicen por si solas las mejoras necesarias. El no hacerlo, supondrá alargar los momentos de crisis e inestabilidad. Asimismo, y desde las instituciones, se ha de facilitar dicha implicación del sector en esos procesos de recuperación integral.

 



jueves, 7 de noviembre de 2019

LA SEGURIDAD; FACTOR DETERMINANTE DE CALIDAD DE LAS CIUDADES - DESTINO.



Algunas ciudades tienen la capacidad de cautivar a habitantes, visitantes y turistas debido a un conjunto de atractivos vinculados al ocio, la recreación y el tiempo libre que, unidos a una serie de estrategias y tácticas; les convierten en ciudades – destino y generadores de vivencias y economías de gran transcendencia para sus intereses. Paralelamente, también se ha de hacer constar que son ciudades que, por su naturaleza terciaria, dispersa y multidisciplinar se vuelven muy sensibles y vulnerables ante cualquier tipo de alteración y más, si esta es de signo negativo.
Ciudades que requieren “tratamientos a doble cara”, ya que se trata de espacios donde coinciden y conviven la ciudadana y los visitantes, lo que les obliga a desarrollar servicios públicos habituales junto a otros más específicos y diferenciados. Dentro de ese abanico de servicios, deseo hacer referencia al servicio de la seguridad, algo que llega a convertirse en factor determinante de calidad de vida y por extensión, de calidad de oferta turística y terciaria.  
En ese sentido, y lo he comentado varias veces, son espacios muy sensibles que, cuando carecen de la seguridad necesaria, tienden a volverse “insostenibles”. Así ven como se “reducen y encojen sus dimensiones y atractivos” porque los momentos y escenarios críticos son cada vez más frecuentes, lo que impide su normal uso y disfrute. Asimismo, el tiempo relacional, ocioso y de producción tiende a recortarse y por añadidura, la imagen y proyección de las ciudades – destino se van deteriorando.
Llegados a este punto, y si la gestión de “la seguridad a doble cara” sigue siendo básica o inexistente; la tendencia es que las ciudades - destino sufran desajustes y se vuelvan contradictorias en muchas de sus iniciativas y proyectos. Así, se dan casos donde el servicio orientado a la ciudadanía no encaja con las demandas de los turistas y viceversa
Ante esta tesitura, es muy habitual que se siga negando la evidencia, se vayan atrasando la puesta en marcha de nuevos procesos, se dejen aislados y con escasos contenidos las acciones de marketing y comunicación, se siga imponiendo lo cotidiano y en algunos casos, se llegue a afirmar que la culpa de todos los males la tiene el turismo. Como es de suponer, estas actitudes no garantizan las soluciones que los responsables, públicos y privados, persiguen en y desde su fuero interno.
Por todo ello, sería aconsejable interiorizar que los procesos de seguridad disponen de propiedades y fines de tipo social y productivo. Esa doble función, es la que le dota de una fortaleza estratégica que, sería conveniente no desdeñar. En este sentido, convendría tener en cuenta la actual configuración de la seguridad de estas ciudades ya que, al llegar a ambos colectivos de manera asimétrica, invita a su revisión para ir generando intervenciones más tratadas y ajustadas.
Y es que la singularidad del hecho turístico exige que, la seguridad preexistente se vea complementada por una serie de servicios transversales e interconectados a fin de hacerla llegar a la ciudadanía y visitantes, sin que ello suponga ni desafección ni privilegio alguno para ambas partes. 
Me estoy refiriendo a una seguridad que se base en hechos concretos y que vaya evitando los (grandes) contrastes entre la parte social y la sectorial turística, como signo de mejora y de competitividad a medio y largo plazo.
Finalmente, y para que esta seguridad llegue a fraguar, abogo  una vez más, por disponer de una gran capacidad de liderazgo e interlocución turística y "orientada a los diferentes". Liderazgo que no desatienda la modernización estructural que se precisa y que, además sea capaz de compartir su labor diaria, evitando posibles frenos corporativos ante este escenario de cambio en lo relativo a la seguridad ciudadana y del sector

jueves, 29 de agosto de 2019

SEGURIDAD. MAYOR CONCRECIÓN EN LAS POSIBLES SOLUCIONES





En artículos anteriores, he hecho referencia a la necesidad de buscar soluciones para afrontar la falta de seguridad en los destinos turísticos. Mencionaba el liderazgo del sector como factor determinante para mejorar la relación entre la producción turística y la seguridad. En una posterior entrega, escribía sobre la conveniente relación público - privada a la hora de gestionar los destinos, lo que comportaba la revisión del marco regulatorio, la superación de las barreras prestablecidas y con ello, concentrar la mirada en los procesos internos para tender hacia el desarrollo de nuevos diseños ministeriales.
Llegados a este punto, considero que las organizaciones ministeriales en materia de turismo, han de estar a la altura de lo que su actividad económica y social genera y produce. Y más, cuando ésta se ve coartada por la inseguridad. Se necesitan gobiernos con amplitud de miras en la que sus responsables dispongan de la sensibilidad institucional necesaria para ir reforzando sus estructuras. Gobiernos que tengan la capacidad de traducir su realidad sectorial en una (nueva) organización ministerial y con ello, no conformarse con el modelo tradicional heredado.
Hemos de pensar que la política y con ella la actividad turística y la seguridad, se está volviendo cada vez más compleja, lo que la hace más urgente su tratamiento. El objetivo de los nuevos ministerios turísticos, no es que se conviertan en pesadas estructuras verticales, sino que tuvieran la facultad de ser elásticas, transversales y con menores costes organizativos. Modelos que, partiendo de su quehacer diario, tengan la capacidad de proponer y de trabajar en proyectos compartidos, ya que la actividad turística y su seguridad así lo van exigiendo.
Por lo tanto, se han de ir superando esas posturas del que “esto siempre ha sido y se ha hecho así”, resistentes al cambio y que no quieren perder sus espacios de influencia y de confort. Además, se ha de intentar superar esa otra frase tan manida,” La actividad turística es una prioridad nacional” y que, normalmente, no deja de ser una mera declaración de buenas intenciones. 
Unas iniciativas y proyectos compartidos con otros ministerios, donde la referencia de las demandas de la sociedad y de los turistas en materia de ocio y de recreación han de disponer de la cobertura y de los procesos en seguridad que se les supone. Cobertura preventiva y paliativa, por una cuestión compasiva, de generación de riqueza y de credibilidad como país y destino.
El no disponer de dicha cobertura o que la misma se efectúe parcial y separadamente, donde cada ministerio asume su implicación puntual y hasta en escala, y no dentro de un contexto de red de servicios entrelazados; hará que el país - destino carezca de la competitividad y del poder de atracción entre su ciudadanía y entre sus turistas y visitantes.
Con esta propuesta de ministerios turísticos horizontales y en conexión permanente con otros; no se persigue que el ministerio de turismo se convierta en un nuevo ente policial, judicial, de salud, de transporte, etc., etc., sino que los servicios que estos generan, tengan en cuenta la necesidad de extrapolarlos a esa población flotante que representan los visitantes y turistas y más, cuando acecha la violencia e inseguridad.

Finalmente considero que, para disponer de la fluidez necesaria en las relaciones interministeriales, se ha de dar la confluencia, y se reitera, entre el liderazgo de la clase política y las estructuras administrativas existentes. Liderazgo que no desatienda la modernización que la administración precisa y que, además disponga de una estructura profesional y administrativa que sea capaz de compaginar y compartir su decisiva labor diaria superando con ello, posibles frenos corporativos ante cualquier escenario de cambio en lo relativo a la seguridad ciudadana y del sector. 




martes, 20 de agosto de 2019

SOLUCIONES PARA LA SEGURIDAD SOCIO – TURISTICA


Las realidades de los destinos turísticos condicionados por la violencia e inseguridad, parten de circunstancias diferentes de las que se dan a entender desde el sector y sociedad. Eso es algo que a veces no gusta y, por ello, difícil de ser admitido entre los propios responsables del sector y del país.
En estos escenarios, y teniendo en cuenta la urgencia cortoplacista del sector afectado, no es extraño que prevalezca los eslóganes con propuesta muy concretas y positivistas. Consideran que el uso de dichas tácticas de comunicación, les permiten ahorrar esfuerzos a la hora de buscar soluciones sobre el entorno inseguro al que pertenecen o representan.
Sin embargo, los responsables de la promoción y del marketing se sorprenden de que determinados mercados y clientes no admitan como buenas o duden de sus mensajes y comunicados. El procedimiento para alcanzar una real o hipotética solución tendría que basarse según mi opinión en:

·         La necesaria presencia turística a la hora de gestionar la seguridad social y sectorial.  Teniendo en cuenta que los escenarios inseguros influyen de facto en el sector, el país ha de interiorizar que la seguridad no debe de estar unitariamente configurada, ya que influye de manera asimétrica en los diferentes sectores sociales y productivos. Esta causa negativa para el sector ha de dar paso a intervenciones mucho más definidas teniendo en cuenta lo que representa a nivel social y económico.

·         La necesaria revisión del marco regulatorio existente. La presencia turística comentada, ha de dar paso a una revisión de las relaciones, donde los gobiernos han de permitir la modificación de los poderes, superando con ello, las reglas establecidas también materia de seguridad. Y es que no es ninguna herejía plantearlo teniendo en cuenta la lacra que supone y soporta el sector. Por ello, cuando se habla de la necesaria revisión se debe de pensar en los valores de un sector clave en muchos países y de la necesaria negociación política interna.   

·         La superación de barreras preestablecidas. Plantear como condición innegociable que la seguridad de los países y destinos, con sus causas y efectos, tenga un perfil puramente vertical; seguirá dificultando el acceso a una verdadera solución, así como su mutuo entendimiento. ¿Por qué no intentar algo que enriquezca la actual distribución de poderes que se da en los gobiernos? Algo que no sólo gire en torno a la seguridad establecida y al escaso protagonismo del sector. Una vía que reconociera las vicisitudes que soporta el sector y que, a los ministerios de seguridad e interior les abriría un espacio más integrador mientras que al sector, se le iría reconociendo un papel más activo sin que ello suponga, poder tomar decisiones finales en las políticas de seguridad de sus respectivos países. Así, los ministerios de seguridad llegarían a admitir la necesidad de una implicación más personalizada en “seguridad turística” y por su parte el sector, vería con agrado la percepción más actualizada que va teniendo entre su propia ciudadanía y mercados.

  
Todo ello, exige concentrar la mirada en procesos internos, ya que la solución al problema de la seguridad de las naciones y por extensión de los destinos turísticos, anida en el interior de los mismos. Como lo he comentado en varias ocasiones, los esfuerzos de maquillaje en marketing, la utilización puntual de ciertas cifras positivas, la mera reacción ante actos y escenarios violentos; no garantizan las soluciones que todo responsable persigue en y desde su fuero interno.
En ese sentido, se debería de tender a gobiernos que asuman con fluidez nuevas arquitecturas ministeriales, donde se puedan combinar ministerios clásicos con ministerios con nuevos servicios derivados de las nuevas prioridades, entre ellas las turísticas y de seguridad social y sectorial. La (in)seguridad exige flexibilidad y una amplia visión e interpretación de la realidad. El reto sigue presente.