domingo, 11 de noviembre de 2018

SUPERAR LOS EFECTOS DE LA INSEGURIDAD ACOMPAÑANDO AL TURISTA





Realmente ha de existir un método que permita a los destinos superar los efectos que la inseguridad y la violencia les generan y les obliga a rizar y rizar su labor diaria. Un método que les permite oxigenarse y dedicarse a desarrollar “procesos normales” y no estar pendiente de esa espada de Damocles que supone convivir diariamente con una preocupante inestabilidad.
Para ello, propongo huir hacia nuestro propio interior en busca de ese punto de inflexión en la que confluyan todos los aspectos a tener en cuenta para superar dicho escenario de violencia real y/o percibida como destino e interés turístico. Y ese punto de inflexión no es otro que la figura de la persona – turista.
Y esto puede parecer una obviedad, algo básico e indiscutible en otros sectores productivos pero que, en la actividad turística condicionada por la violencia, surgen las dudas y la indefinición de todo un conjunto de procesos, lo que conlleva que el factor persona- cliente – turista, se vea inmerso en un escenario farragoso e indefinido.
Y considero que para superar esos efectos, no es necesario desarrollar sesudos métodos algebraicos sino que, y lo reitero, debemos de enfocar nuestra labor  hacia los visitantes  y turistas. Somos expertos en ofrecerles ocio, recreación, entretenimiento, hedonismo pero, no somos capaces de ofertarles, la seguridad que se supone tenemos la obligación de hacerlo.   
Observar y llegar a precisar las necesidades reales de los turistas y visitantes en momentos de crisis, de violencia e inseguridad; es algo fundamental para alcanzar el éxito a través del desarrollo de futuras actividades y relaciones estratégicas.
En este sentido, le propongo que haga el esfuerzo de relajarse y concentrase en esa persona - turista que, real e hipotéticamente puede sufrir violencia e inseguridad en su país – destino. De inmediato, se dará cuenta que el escenario se vuelve de los más complejo, pero usted siga haciendo el esfuerzo de seguir mentalmente al lado de ese turista afectado por un hecho violento. No lo deje, llévelo de la mano, las personas necesitamos afecto y protección sobre  todo en momentos críticos. Vaya intentando atender las demandas y necesidades que van surgiendo y de las que usted, como responsable y con intereses en el sector, ha de ir facilitando su solución.
Como verá, si está familiarizado con algún servicio concreto, el proceso se simplifica y se llega a solucionar. Pero de inmediato, se dará cuenta que esa persona – turista necesita de otra seria de servicios de los usted es posible que carezca de la influencia y de las referencias necesarias.
Evite la tentación de que “yo ya he cumplido”, “esto ya no es de mi responsabilidad”. Siga con esa persona – turista, y se dará cuenta que los servicios orientados hacia el ciudadano, puede que no encajen ni sirvan para las necesidades de los turistas en momentos críticos (en algunos casos, puede que los servicios no existan ni para los propios ciudadanos)
  Cuando llegue a ese conjunto de servicios desenfocados, inexistentes e inabordables, intente por un momento acceder a “su particular e hipotética solución”; por favor no desmaye y a ser posible, memorice las carencias detectadas. 
Estas carencias detectadas se han de convertir en la base del futuro método que se enfrentará a las diferentes realidades de violencia e inseguridad sectorial. La implantación de dicho método supondrá una mejora añadida a los servicios públicos existentes. Pensemos que los turistas y visitantes regresarán a sus lugares de origen y las mejoras permanecerán como un activo más de los países y su ciudadanía.  
Cuando el método o sistema se haya consolidado piense que se aportación, inicialmente intima y particular, ha sido fundamental para ayudar a erradicar la violencia e inseguridad. Ello supondrá una mejora interna en los servicios de su país  con un reconocimiento más sólido y notable en el exterior.
En definitiva, su fuero interno y su autoestima mejorarán sustancialmente, algo del todo necesario para los responsables de escenarios violentos y diabólicos. 

martes, 23 de octubre de 2018

ESTABLECIENDO REDES; TURISMO Y SEGURIDAD


Como he hecho referencia en otras ocasiones, las administraciones están creadas de forma vertical y teniendo muy definidas sus funciones y cometidos. En ese escenario, el sector turístico ha estado postergado porque su propia naturaleza atomizada y transversal, sigue sin ser comprendido generando con ello, cierto incomodo y vacilación entre el resto de las áreas públicas.

A ello se ha de añadir que, las estructuras públicas se está viendo superadas por las nuevas tecnologías que tienden a la desubicación, descentralización y a fomentar las relaciones horizontales y en red. Esta particularidad, horizontal y en red, se asemeja a las características  de nuestro sector, lo que explica su rápida adaptación a estas nuevas herramientas.
Ello ha dado paso a una cierta exaltación aventurando con ello escenarios futuros factibles y positivos. Y además, las nuevas tecnologías podrían venir a zanjar la perenne debilidad de la mayoría de las instituciones turísticas. 
Ya más en concreto, las redes sociales han supuesto un vuelco en el tratamiento de las actividades de proyección y de marketing turísticos, lo que ha permitido a muchos destinos alcanzar un grado de notoriedad muy a tener en cuenta.
Pero paralelamente tanto avance y éxito, hace que surja una pérdida  y/o alteración sobre los procesos técnicos ya que las redes imponen unos métodos y comportamientos indiscutibles y que todavía no se reconocen como los más fiables y adecuados. Para alcanzar una mayor familiarización, estaría bien que ciertos mecanismos se incorporen, pero siempre desde la óptica que “las nuevas tecnologías están a servicio del sector y de sus instituciones” y no en sentido contrario.   
Además, cuando se ha gestionar la inseguridad y la violencia en los destinos, las nuevas tecnologías son vistas con cierta distancia porque pueden tener la facultad de “entrometerse y proyectar” realidades y escenarios poco recomendables. Ese temor sobre el tratamiento y reflejo de la inseguridad en las redes, hace que entre los responsables aniden dos posturas muy diferenciadas; por un lado, el inmovilismo como mal menor y por otro, el refuerzo de las acciones de proyección de los destinos desde una “posición de total normalidad y competitividad” intentando con ello, solapar ciertas realidades y carencias.
Pero la sola utilización de las redes para acciones de promoción y de marketing, no es suficiente a la hora de solucionar al problema de la seguridad social y turística. Y es que, para los destinos que conviven con situaciones de violencia, estas acciones no suponen más que dotarse de un maquillaje puntual y momentáneamente favorecedor.
En este sentido, deseo reiterar que la esencia de las redes sociales está basada en la horizontalidad, en compartir conocimiento y responsabilidades, en la interconexión entre distantes y diferentes y en la inmediatez en las respuestas; factores todos ellos clave para el manejo de la seguridad de cualquier destino turístico.
Por lo tanto, las nuevas tecnologías pueden desarrollar todavía procesos mucho más valiosos y novedosos. Así, la inseguridad hace que los destinos vivan atemorizados por la realidad y su proyección en las redes, pero como contrapartida; la utilización estratégica de esas mismas redes nos puede ayudar a mitigar sus causas y efectos.

Escenario que nos lleva a reflexionar sobre el uso que se le puede dar a esta herramienta. Un uso que obligue a un diseño previo y conforme a las auténticas necesidades en materia de seguridad social y sectorial.

Para ello, los responsables deberán definir qué elementos y funciones componen esta nueva red y una vez concretadas; los dispositivos creados ya se encargarán de que los (nuevos) automatismos simplifiquen y faciliten nuestro día a día.

Finalmente, esa simplificación puede ser interpretada como una debilidad del ya escaso poder de las actuales estructuras turísticas pero, esta (nueva) conexión se ha de traducir  en oportunidad de acceso muy fluido al conjunto de componentes transversales que forman parte de toda realidad turística y de seguridad. Fortalecimiento institucional  con otras instituciones y sector privado.

jueves, 11 de octubre de 2018

GOBERNANZA PARA LAS CRISIS E INSEGURIDAD TURÍSTICAS.



En el mes de junio colgué en este mismo blog, dos artículos sobre la relación entre las instituciones turísticas y no turísticas con la inseguridad en el sector. “La clase política y el manejo de la seguridad turística, I y II”.

Con esta nueva entrega deseo retrotraerme un poco más, para poder identificar más las actitudes, comportamientos  teniendo en cuenta el futuro social y relacional que nos espera. Unas instituciones y sector con dificultades para discernir y anticiparse a las crisis que, por diferentes causas, se presentan y lo seguirán haciendo en muchos destinos internacionales.
La gobernanza en materia de turismo y seguridad es muy difícil que se dé si los responsables públicos y privados se retraen ante los problemas de seguridad existentes, tanto si son perceptibles como si no lo son. En este sentido, existe un freno a la hora de aceptar la realidad y una “cómoda imposibilidad” a la hora de tener que intervenir.
En bastantes destinos y después de mucho sopesar; se llega a la conclusión que ha arraigado una invalidez público-privada, turística y no turística, a la hora de enfrentarse a un problema  que “está ahí”.
Instituciones y sector que, no solamente no están preparados para anticiparse a los acontecimientos sino que, ni siquiera pueden garantizar procesos de urgencia básicos y diarios. Es más, las discusiones sobre cómo han de ser las respuestas, hace que los responsables se distraigan sobre el camino a tomar en el corto, medio y largo plazo.
En este sentido, es conveniente que se interiorice que la inseguridad en las sociedades y en el sector va seguir estando presente y por ello, se debe de prever cómo, cuándo y de qué forma se va a presentar y con qué herramientas se ha de contar para hacerles frente. El poder informar sobre la creación - anticipación de unos servicios interconectados y diseñados expresamente para tal fin, permitiría a los destinos ganar en credibilidad, algo que todos codiciamos.
Por lo tanto, se necesita una gobernanza que sea consciente que se ha de interactuar e interrelacionar con otros agentes e intereses, si realmente se desea desarrollar nuevas y competitivas praxis sociales, turísticas y de seguridad.  
En suma, gobernanzas dinámicas que requieren de ejercicios de imaginación sobre los actuales y futuros escenarios de inseguridad, dado que cada realidad violenta e insegura será siempre diferente al resto, por lo que la extrapolación de realidades pasadas o de otros destinos, no serán suficientes para superar las crisis de cada uno.
   Además la regulación de las futuras y necesarias competencias en materia de seguridad social y turística, actualmente están fragmentadas y dependientes de otras entidades e instituciones que, no disponen de la visión sobre el futuro papel que pueden llegar a desempeñar en este campo.
Y es que existen unas instituciones y competencias enmarañadas que, si se implican lo hacen de forma puntual, normalmente en aspectos policiales y, lo que pudiera suponer una solución estable, se convierte en un nuevo problema que es necesario resolver, porque no se ha pensado y actuado estratégicamente en un escenario que está cambiando radicalmente.
Por lo tanto, existe un problema de inadaptación que se ve reflejado en la verticalidad de las estructuras y sus respectivas funciones, algo que ya lo he comentado anteriormente en otros artículos. Por ello, el éxito de la gobernanza en materia turística y de seguridad vendrá dado por la capacidad que tenga de adaptarse con otras entidades e instituciones y viceversa.
La gobernanza turística y de seguridad se tiene que preparar para gestionar un sector en el que no habrá crisis ocasionales, sino que se tenderá a convivir con fluctuaciones mayores de los que se es capaz de gestionar actualmente.
Gobernanzas turísticas y de seguridad que sean capaces de reinventarse, de pensar y transformar las políticas y con ello, alcanzar unas reformas administrativas donde el sector turístico ocupe el espacio que se le exige y le corresponde.
Finalmente y por todo ello, sería conveniente que las crisis por violencia e inseguridad pudieran ser aprovechadas para diseñar un sistema estable y en base a unas regulaciones totalmente novedosas.  Y es que cuando las “crisis desaparecen” o se simplifican sus efectos negativos de manera premeditada; el problema, normalmente sigue existiendo.

jueves, 6 de septiembre de 2018

FATALIDAD EN LAS VACACIONES. LA PRUEBA DE LA SEGURIDAD.



Mayormente, cuando uno se desplaza por ocio y por placer, el viaje representa una recompensa por el trabajo y las responsabilidades personales y profesionales, que se han tenido que asumir durante el resto del año.

Por ese motivo, las vacaciones se convierten en un espacio de tiempo especial e ilusionante entre la mayoría de las personas. Un periodo en las que el deleite se adelanta a las propias vacaciones; ya que todo se va interiorizando y organizando con la debida antelación y con sumo detalle. Si por el contrario, la decisión se toma a última hora ésta, tampoco está exenta de ilusión.
Ilusión que llegado al destino, puede engendrar tal vínculo entre el país y el turista que éste, hasta medita la posibilidad de mudarse y hacerlo del todo suyo. Por lo tanto, el estado emocional de los turistas está abierto al disfrute de experiencias placenteras y enriquecedoras.
Esta situación del todo positiva, se puede volver muy vulnerable cuando esos turistas coinciden, conviven y se ven afectados por situaciones y escenarios de violencia e inseguridad. Cuando esto se da, ese escenario idílico se puede llegar a convertir en una pesadilla. En este sentido, y en lo que llevamos de verano, han fallecido varios turistas por motivos tan dispares como son el “balconning” y por agresiones sexuales y de violencia de género.
Si cronológicamente se desmenuza un viaje turístico, se podrá observar que ese escenario de violencia nada tenía que ver con sus condiciones, ni con los mensajes emitidos por las campañas de marketing, ni con las actitudes y comportamientos que se fijaron, ni con las recomendaciones oficiales de viajes, donde se acotan y se recomienda no visitar ciertos espacios y, entre ellos, es posible que no estuviera el lugar elegido por no ser peligroso. Es más, las opiniones depositadas en las plataformas digitales “invitaban a visitar ese destino único y singular” y, el seguro de viaje contratado, aunque tuviera una amplia cobertura, tampoco hacía presagiar situación tan extrema y desagradable.
Por añadidura, cuando los turistas y viajeros llegan al lugar elegido, normalmente se les dota de unos “consejos prácticos”. Se trata de otro tipo de recomendaciones ya mucho más concretas que sugieren tomar algunas medidas preventivas y a pie de calle. De entrada y teniendo en cuenta todo lo expuesto; se ha de admitir que la programación contratada y la información recibida y recopilada; afortunadamente, son suficientes en la mayoría de los casos, pero en otros no.
La nota de “suficiente” se puede estar dando porque algunos países / destinos son capaces de convivir con carencias y con ciertos grados de inseguridad que intentan hacerlas compatibles y manejables desde sus respectivos intereses turísticos. Ello supone que algunos destinos admiten discretamente tener carencias, que sus ofertas pierdan el brillo y las propiedades que se les suponían y que las horas de producción ociosa se verán reducidas considerablemente.
Si además, esas realidades violentas e inseguras no tienen una fuerte proyección externa, porque se trata de un tipo de “violencia más doméstica y no tan peligrosa”; los responsables turísticos tienden a ahondar en este tipo de gestión, aunque son conscientes, que lo hacen de manera precaria, de difícil percepción desde los mercados pero que, una vez en destino y gradualmente, se irán haciendo presentes.
Precariedad e inestabilidad que exigen grandes dosis de viveza y cumplir con “ciertos códigos” para no coincidir con esos fatales momentos y escenarios. Una viveza que la ostentan los lugareños y que escasea entre la mayoría de los turistas y visitantes.
Cuando esa inadaptación se traduce en la muerte de un turista; se ha de interiorizar que hacer el mal es algo muy fácil y más, cuando el turista no hace caso de las recomendaciones y consejos recibidos o no dispone de las referencias e información que le permitan moverse con la facilidad y elasticidad que posee en su lugar habitual de residencia. En ese  momento, todo se vuelve traumático e insuficiente.
Y esto no solo ocurre en países emergentes o en vías de desarrollo, sino que países y destinos avanzados también tienen lagunas de este tipo. Por ello, y para evitar que se sigan produciendo ese tipo de situaciones irreversibles, sería aconsejable que, los destinos y todos los que conforman su estructura social y sectorial, se autoanalizaran.
Un chequeo donde se tengan en cuenta dos premisas fundamentales y decisivas. El alto componente humano y, el factor de exportación de servicios que se genera mediante la llegada de turistas, su incidencia económica y en la imagen del país.
La singularidad de la exportación turística a través de la llegada y estancia de turistas – personas, obliga a los destinos a tener que profundizar y desarrollar más la cualidad  humanitaria de la actividad hasta que forme parte consustancial de la misma.
Hace escasas fechas, cuando la pareja de una de las turistas asesinadas, hacía un claro llamamiento: “No nos fallen otra vez”; estaba pidiendo que los procesos de tipo humanitario se tuvieran más en cuenta en el desarrollo y mejora de los destinos. Que no se siguiera marginando ese servicio fundamental. Es más, hasta comentó que los destinos pensaran en su propia ciudadanía, como los principales beneficiarios de esa exigencia turística a la vez que social.
En definitiva, los países – destinos necesitan soluciones para sus problemas cotidianos entre ellos, la seguridad de sus ciudadanos y visitantes, el uso de espacios con total confianza, el garantizar la movilidad y los desplazamientos internos, la educación, la generación de empleo y de riqueza y la fijación de su población. 
Todos sabemos que la actividad turística es una de las economías más importantes en muchos de ellos, pero ¿cómo puede contribuir a producir sociedades más solidarias y hallar soluciones para generar una seguridad y convivencia más saludables?
Uno de los retos, que no el único, es que las instituciones turísticas dispongan del protagonismo y capacidad de interlocución que les corresponda y que con ello, se impliquen en procesos que hasta ahora “no les atañen”. La seguridad de sus ciudadanos y la seguridad de sus visitantes y turistas se lo agradecerán.

martes, 5 de junio de 2018

LA CLASE POLITICA Y EL MANEJO DE LA SEGURIDAD TURÍSTICA (I)




Antes que nada, deseo hacer constar que la raíz, la dimensión y la incidencia de la violencia e inseguridad sobre los destinos e intereses turísticos pueden ser totalmente diferentes de un país a otro, y hasta dentro de un mismo país, si analizamos un periodo de tiempo con respecto a otro.

Sin embargo, si deseo aportar mi visión sobre una serie de comportamientos que, salvo matices muy concretos, se repiten entre las instituciones de la mayoría de los destinos internacionales cuando éstos,  conviven con situaciones de violencia e inseguridad, sea esta real y/o percibida.

Cuando me refiero a la clase política y su incidencia en la actividad y seguridad turística; deseo hacer referencia a los responsables institucionales, incluidos los turísticos, que deciden, gestionan y controlan, desde sus diferentes atalayas el desarrollo de un sector que se ve muy condicionado por la inseguridad. Con unas estructuras asentadas a las que les cuesta asumir nuevas exigencias a la hora de gestionar la inseguridad sectorial porque, no deja de ser un hecho de difícil ubicación dentro del conjunto de las políticas nacionales. Ello se traduce en que la inseguridad sectorial difícilmente es catalogada como acción prioritaria ya que, ninguna institución/es dispone o se le otorga esa función integral e integradora.
Así, el manejo de la seguridad socio - turística se vuelve en muchos casos incomprensible ya que, el conjunto de las administraciones no consiguen hacer visible una salida a la crisis porque sus argumentos y propuestas carecen de la solidez y contenidos necesarios.
El origen de esa falta de respuesta, reside en que no disponen de políticas que permitan manejar estos escenarios violentos e inseguros con la mayor presteza posible.
Sin respuestas, el sector empresarial y la propia sociedad tienden a adoptar una actitud conformista, dando como aceptables la puesta en marcha de unas medidas políticas muy básicas a la vez que desajustadas. Se impone lo “políticamente correcto”, con lo que el nivel de exigencia se va difuminando, lo que permite que se consolide, ese “mal común que a todos afecta”
Otro aspecto a señalar es la globalización de nuestros días, muy presente en todas las instituciones. Y se percibe porque “lo global” va diluyendo la influencia de los gobiernos nacionales, ya que su función de guía va siendo compartida con otros actores e intereses que llegan a ejercer de analistas, mediadores y consejeros. Por lo tanto, las instituciones se ven cada vez más observadas y examinadas.
Unas instituciones que tenían asignado un rol, más o menos definido, cuando la información no era tan extensa como lo es en nuestros días. Por eso las administraciones  nacionales de turismo deben de lidiar con ese obstáculo añadido; la existencia de una comunicación que viaja en todas direcciones lo que dificulta más si cabe, la definición del diagnóstico y las posibles políticas a implementar en esos escenarios tan críticos.
Debido a ello, el responsable político se ve desbordado por un exceso de comentarios, consejos, mensajes, información variopinta y opiniones de diversa índole, que le impiden centrarse y poder tomar las decisiones más correctas y oportunas sobre este tema tan  escabroso.
En ese quehacer diario, es difícil basarse en la “economía de la atención” ya que, todo se vuelve urgente además de importante, donde procesos ni idóneos ni ajustados se ejecutan de manera acelerada y donde la extrañeza que genera el mero hecho de plantear la seguridad para el sector; hace que la situación se siga urdiendo en lo que yo denomino “limbo institucional”

Para superar este desconcierto y desde las instituciones turísticas, se tiende a utilizar dos grandes herramientas o tácticas, ambas y hasta la fecha bastante exiguas; me refiero a la comunicación y proyección y al recurso de un saber hacer que es desempeñado por los expertos.  

Continúa en la segunda parte…

LA CLASE POLITICA Y EL MANEJO DE LA SEGURIDAD TURÍSTICA (y II)



 Viene de la primera parte…


Cuando hablamos de la comunicación interna, me refiero a los responsables institucionales turísticos que son los que deciden en materia turística. ¿También en seguridad turística?  Pero he de confesar que, transmitirles una mera queja o reclamación por la incidencia negativa de la inseguridad, no hace más que simplificar y serenar puntualmente el desconcierto que la violencia crea en la sociedad y sector. Y esto ocurre porque es más sencillo orientar el foco sobre esa institución que, demandarle una solución más sólida con respecto a la realidad existente.
Por otro lado, cuando la violencia se hace más presente, la indignación y las llamadas a la ejemplaridad van en aumento pero, tampoco existen garantías que se esté obrando conforme a lo que exige el momento social y sectorial.
Asimismo, cuando la violencia desborda toda línea roja, surge una fuerte explosión emotiva y reivindicativa en la sociedad y sector. Pero esta fuerte expresión tampoco ayuda a que se sepa realmente lo que se está haciendo para superar esta situación límite. Es más, los resultados alcanzados normalmente son menores de lo que se tenían in mente poder obtener.
El otro gran recurso para intentar superar la de inseguridad de los destinos; es la de los expertos que trabajan en esta materia. Normalmente, la actividad marcada por la inseguridad, hace que los expertos se encuentren cohabitando con todo un cúmulo de contradicciones, lo que hace que sus actuaciones y propuestas no coincidan con el nivel de conocimiento que se les supone ni con los objetivos que se desean alcanzar.
En este escenario tan movedizo e indefinido, considero que la sociedad y el sector han de desarrollar una rigurosa función reivindicativa y de fiscalización sobre las instituciones turísticas y no turísticas.
Pero también quiero reseñar que, realmente el problema no son las tácticas de comunicación ni la supuesta falta de entronque de los expertos. Y con ello me adelanto y afirmo que, haríamos mal en responsabilizar solamente a determinadas personas e instituciones.
¿Y por qué hago esta afirmación? Porque lo que se debe mejorar entre las instituciones es, el conjunto de procesos que se han de poner en marcha para contrarrestar la violencia e inseguridad social y por extensión turística. Y para ello se deberán de mejorar las capacidades de colaboración. En concreto, no tendría por qué aumentar la musculatura de la institución turística, sino que la misma deberá de actuar inteligentemente dentro de una obligada dotación de conocimiento colectivo.
En este sentido deseo señalar que, los márgenes que tienen la mayoría de los ministerios de turismo no están en consonancia con su nivel de producción y de exportación. Son márgenes muy estrechos debido al reparto de  unas cuotas de poder y de influencia que les impiden disponer de una gama más amplia y variada de recursos humanos, fondos, soportes, etc..

Pensemos que la complejidad de la violencia e inseguridad no tiene porqué suponer una pérdida de protagonismo para ninguna de las instituciones, sino que dicha complejidad, les está invitando a poner en marcha iniciativas de aprendizaje transversal.

Por lo tanto, la seguridad social y turística de la mayoría de los destinos exige que las instituciones interactúen, “también en solfa turística”, desde sus diferentes influencias políticas.

Con ello, los gobiernos deben de ir superando la mera utilización retórica de la frase “el turismo debe de convertirse en una política de estado”.  Esperemos que así sea y más, cuando la violencia hace que todo se vuelva más frágil e inestable.   

El no hacerlo, supondrá que la verticalidad propia de unas instituciones trasnochadas siga disponiendo de una visión cortoplacista que, en nada beneficia a la seguridad de las naciones y de su sector turístico.