martes, 5 de junio de 2018

LA CLASE POLITICA Y EL MANEJO DE LA SEGURIDAD TURÍSTICA (I)




Antes que nada, deseo hacer constar que la raíz, la dimensión y la incidencia de la violencia e inseguridad sobre los destinos e intereses turísticos pueden ser totalmente diferentes de un país a otro, y hasta dentro de un mismo país, si analizamos un periodo de tiempo con respecto a otro.

Sin embargo, si deseo aportar mi visión sobre una serie de comportamientos que, salvo matices muy concretos, se repiten entre las instituciones de la mayoría de los destinos internacionales cuando éstos,  conviven con situaciones de violencia e inseguridad, sea esta real y/o percibida.

Cuando me refiero a la clase política y su incidencia en la actividad y seguridad turística; deseo hacer referencia a los responsables institucionales, incluidos los turísticos, que deciden, gestionan y controlan, desde sus diferentes atalayas el desarrollo de un sector que se ve muy condicionado por la inseguridad. Con unas estructuras asentadas a las que les cuesta asumir nuevas exigencias a la hora de gestionar la inseguridad sectorial porque, no deja de ser un hecho de difícil ubicación dentro del conjunto de las políticas nacionales. Ello se traduce en que la inseguridad sectorial difícilmente es catalogada como acción prioritaria ya que, ninguna institución/es dispone o se le otorga esa función integral e integradora.
Así, el manejo de la seguridad socio - turística se vuelve en muchos casos incomprensible ya que, el conjunto de las administraciones no consiguen hacer visible una salida a la crisis porque sus argumentos y propuestas carecen de la solidez y contenidos necesarios.
El origen de esa falta de respuesta, reside en que no disponen de políticas que permitan manejar estos escenarios violentos e inseguros con la mayor presteza posible.
Sin respuestas, el sector empresarial y la propia sociedad tienden a adoptar una actitud conformista, dando como aceptables la puesta en marcha de unas medidas políticas muy básicas a la vez que desajustadas. Se impone lo “políticamente correcto”, con lo que el nivel de exigencia se va difuminando, lo que permite que se consolide, ese “mal común que a todos afecta”
Otro aspecto a señalar es la globalización de nuestros días, muy presente en todas las instituciones. Y se percibe porque “lo global” va diluyendo la influencia de los gobiernos nacionales, ya que su función de guía va siendo compartida con otros actores e intereses que llegan a ejercer de analistas, mediadores y consejeros. Por lo tanto, las instituciones se ven cada vez más observadas y examinadas.
Unas instituciones que tenían asignado un rol, más o menos definido, cuando la información no era tan extensa como lo es en nuestros días. Por eso las administraciones  nacionales de turismo deben de lidiar con ese obstáculo añadido; la existencia de una comunicación que viaja en todas direcciones lo que dificulta más si cabe, la definición del diagnóstico y las posibles políticas a implementar en esos escenarios tan críticos.
Debido a ello, el responsable político se ve desbordado por un exceso de comentarios, consejos, mensajes, información variopinta y opiniones de diversa índole, que le impiden centrarse y poder tomar las decisiones más correctas y oportunas sobre este tema tan  escabroso.
En ese quehacer diario, es difícil basarse en la “economía de la atención” ya que, todo se vuelve urgente además de importante, donde procesos ni idóneos ni ajustados se ejecutan de manera acelerada y donde la extrañeza que genera el mero hecho de plantear la seguridad para el sector; hace que la situación se siga urdiendo en lo que yo denomino “limbo institucional”

Para superar este desconcierto y desde las instituciones turísticas, se tiende a utilizar dos grandes herramientas o tácticas, ambas y hasta la fecha bastante exiguas; me refiero a la comunicación y proyección y al recurso de un saber hacer que es desempeñado por los expertos.  

Continúa en la segunda parte…

LA CLASE POLITICA Y EL MANEJO DE LA SEGURIDAD TURÍSTICA (y II)



 Viene de la primera parte…


Cuando hablamos de la comunicación interna, me refiero a los responsables institucionales turísticos que son los que deciden en materia turística. ¿También en seguridad turística?  Pero he de confesar que, transmitirles una mera queja o reclamación por la incidencia negativa de la inseguridad, no hace más que simplificar y serenar puntualmente el desconcierto que la violencia crea en la sociedad y sector. Y esto ocurre porque es más sencillo orientar el foco sobre esa institución que, demandarle una solución más sólida con respecto a la realidad existente.
Por otro lado, cuando la violencia se hace más presente, la indignación y las llamadas a la ejemplaridad van en aumento pero, tampoco existen garantías que se esté obrando conforme a lo que exige el momento social y sectorial.
Asimismo, cuando la violencia desborda toda línea roja, surge una fuerte explosión emotiva y reivindicativa en la sociedad y sector. Pero esta fuerte expresión tampoco ayuda a que se sepa realmente lo que se está haciendo para superar esta situación límite. Es más, los resultados alcanzados normalmente son menores de lo que se tenían in mente poder obtener.
El otro gran recurso para intentar superar la de inseguridad de los destinos; es la de los expertos que trabajan en esta materia. Normalmente, la actividad marcada por la inseguridad, hace que los expertos se encuentren cohabitando con todo un cúmulo de contradicciones, lo que hace que sus actuaciones y propuestas no coincidan con el nivel de conocimiento que se les supone ni con los objetivos que se desean alcanzar.
En este escenario tan movedizo e indefinido, considero que la sociedad y el sector han de desarrollar una rigurosa función reivindicativa y de fiscalización sobre las instituciones turísticas y no turísticas.
Pero también quiero reseñar que, realmente el problema no son las tácticas de comunicación ni la supuesta falta de entronque de los expertos. Y con ello me adelanto y afirmo que, haríamos mal en responsabilizar solamente a determinadas personas e instituciones.
¿Y por qué hago esta afirmación? Porque lo que se debe mejorar entre las instituciones es, el conjunto de procesos que se han de poner en marcha para contrarrestar la violencia e inseguridad social y por extensión turística. Y para ello se deberán de mejorar las capacidades de colaboración. En concreto, no tendría por qué aumentar la musculatura de la institución turística, sino que la misma deberá de actuar inteligentemente dentro de una obligada dotación de conocimiento colectivo.
En este sentido deseo señalar que, los márgenes que tienen la mayoría de los ministerios de turismo no están en consonancia con su nivel de producción y de exportación. Son márgenes muy estrechos debido al reparto de  unas cuotas de poder y de influencia que les impiden disponer de una gama más amplia y variada de recursos humanos, fondos, soportes, etc..

Pensemos que la complejidad de la violencia e inseguridad no tiene porqué suponer una pérdida de protagonismo para ninguna de las instituciones, sino que dicha complejidad, les está invitando a poner en marcha iniciativas de aprendizaje transversal.

Por lo tanto, la seguridad social y turística de la mayoría de los destinos exige que las instituciones interactúen, “también en solfa turística”, desde sus diferentes influencias políticas.

Con ello, los gobiernos deben de ir superando la mera utilización retórica de la frase “el turismo debe de convertirse en una política de estado”.  Esperemos que así sea y más, cuando la violencia hace que todo se vuelva más frágil e inestable.   

El no hacerlo, supondrá que la verticalidad propia de unas instituciones trasnochadas siga disponiendo de una visión cortoplacista que, en nada beneficia a la seguridad de las naciones y de su sector turístico.

martes, 29 de mayo de 2018

LOS EFECTOS DE LA INSEGURIDAD. UNA PROMOCIÓN CONDICIONADA POR ESPEJISMOS




Otro de los muchos efectos que la inseguridad genera entre los responsables del sector, es lo que denomino “espejismos” sobre su realidad e imagen de país y destino.
Entendiendo el espejismo como esa “visión e ilusión óptica” que, sobre un destino, empresa, servicio o actividad, se tiene tanto en el propio lugar como entre los mercados emisores de turistas y visitantes.
Desde los destinos, se emite información e imágenes reales, a la vez que positivas, con la sana intención de atraer y seducir a unos turistas y mercados que quizás se encuentren a bastante distancia física y sociológica, lo que genera un “espejismo real – positivo”.
Este reflejo hace que muchos agentes y responsables lleguen a confundir la calidad y pulcritud de su entorno y procesos productivos, con la capacidad de atracción que, se supone han de estar generando entre los mercados.
Probablemente, desde ese mismo destino o país, se proyecten otra serie de realidades – noticias que entran en confrontación con las anteriores, pudiéndose generar un “espejismo real – negativo”.
En este otro caso, el reflejo del país y del destino probablemente no sea tan atractivo y agradable, lo que hace que los responsables del sector comiencen a buscar soluciones imaginativas para poder superar esa visión negativa que ellos consideran pueden llegar a tener entre los mercados por una serie de circunstancias que, en la mayoría de los casos, no controlan.
Ello da paso a unas “distorsiones ópticas” que hace que se perciban los destinos de forma irregular, con o sin carencias, y donde sus atractivos pueden verse reducidos o aumentados, de forma irreal y desproporcionada.
Estas irregularidades generadas por la inseguridad, obliga a los destinos a transmitir mensajes con elevadas dosis de autojustificación que van; desde la “total normalidad en destino”, a tener que admitir la problemática con cierta discreción hasta finalmente, tener que asumir con total crudeza la “insoportable realidad”.
¿Y todo esto es real o es un espejismo, o son ambas cosas a la vez? Los responsables pueden llegar a percibir y constatar la recuperación pero probablemente, y en su fuero interno, persista una inestabilidad emocional por convivir con un escenario cambiante y expuesto a la repetición de situaciones de difícil manejo, lo que les hace depender en exceso de una imagen y opinión que, a su vez, les genera todo tipo de interrogantes.
Paralelamente, entre los mercados y en el mejor de los casos, se puede llegar a percibir una mejora y recuperación del clima social existente. Sin embargo, recientes realidades - experiencias, hace que los mercados duden y se sigan retrayendo, aunque la realidad positiva sea palpable. En este caso “el espejismo positivo-negativo” también hace acto de presencia, porque no se sabe si lo que refleja y es percibido es una situación real, irreal o todo lo contrario.
Esto hace que los responsables, tanto públicos como privados, afectados por la inseguridad sufran “trastornos emocionales y de profesionalidad” lo que les hace caer en fuertes presiones y en desordenes de comportamiento, que dan pie a que desarrollen prácticas complementarias que, normalmente no encajan con lo que esa realidad demanda y por ello, acceden a escenarios de ansiedad e inseguridad emocional de difícil control.
Además, el trabajar en espacios catalogados y reconocidos como atractivos y, que a la vez convivan y transmitan “sin transmitir” un clima social negativo; hace que los profesionales y responsables del sector trabajen bajo una fuerte presión que, por cierto, han de evitar mostrar, porque así lo exige la estética y compostura de un sector vinculado al ocio y la recreación, como es el turismo.
Por lo tanto, esos espejismos o escenarios, reales - irreales que emergen por la violencia e inseguridad es algo que se debe de manejar con suma cautela, para evitar pasar de la euforia más absoluta al pozo más oscuro y viceversa.

Por todo ello, ese espejismo nos orienta a tener que relativizar los logros y mejoras que se vayan produciendo pero sin volvernos excesivamente escépticos, algo que ya supone un freno a  nuestro normal desarrollo personal y profesional.

viernes, 4 de mayo de 2018

SEGURIDAD TURÍSTICA. SU INCIDENCIA SOCIAL, SECTORIAL Y TERRITORIAL



En la mayoría de los países con claros síntomas de inseguridad, se tiende a utilizar espacios muy concretos, para desplegar una actividad turística con las mayores garantías posibles. Un claro ejemplo de esa planificación basada en la seguridad, es la existencia de espacios acotados y reservados para el desarrollo de la actividad turística hasta en países calificados como muy violentos e inseguros. En dichos espacios, los turistas disponen de todo un conjunto de “servicios predefinidos” lo que les dota de “un ambiente de normalidad” que es necesario reseñar.
En esos mismos países, existen otro tipo de destinos más abiertos, normalmente dotados de un patrimonio público, atractivo y de gran referencia turística, unida a una realidad social donde se pueden percibir ciertas carencias estructurales y de equipamientos, y donde es necesario hacer que convivan la ciudadana con el sector turístico. El hacer compatible ambas esferas, hace que la planificación y el desarrollo se conviertan en algo bastante más complejo. En este tipo de destino, los turistas pueden acceder a un abanico de atractivos y de servicios más amplio e individualizados pero, la garantía de seguridad es, en algunos casos, más débil y dudosa.
Un ejemplo de dicha complejidad unida a la debilidad estructural de muchas países; es ver que el sector se implica y dota de ciertas infraestructuras y equipamientos que, en principio debieran de corresponderle a las instituciones públicas. Como contrapartida, son las instituciones, sobre todo las policiales, las que realizan esfuerzos adicionales para que la “maquinaria de servicios turísticos” disponga de la protección necesaria y así, poder desempeñar sus funciones con la mayor normalidad posible.
Entre ambas realidades, existen espacios intermedios, núcleos de población donde no se asienta la actividad, corredores de acceso y de paso que, ya de por sí, generan inquietud e inestabilidad, por ser lugares donde está asentada o puede llegar a estarlo, notables focos de violencia e inseguridad.
Espacios o corredores que son utilizados por los turistas de los resorts, por los turistas de destinos más abiertos y por una ciudadanía que desea desplazarse y acceder a los espacios turísticos por estar más dotados de calidad y de servicios que sus lugares habituales de residencia. Para todos ellos, esos lugares son cada vez más tenidos en cuenta porque su nivel de exigencia y curiosidad se está incrementando de manera exponencial.
Como vemos, también la actividad turística hace posible el uso, la ampliación y mejora de las infraestructuras y equipamientos de un país para el disfrute de los turistas, visitantes y de su propia ciudadanía. Se da pues una doble exigencia, la interna y la externa, algo muy a considerar.
Una doble exigencia que facilitará la implicación público – privada en la recuperación de espacios perimetrales, en muchos casos violentos y degradados, pero claves para el desarrollo armonioso del sector y de la sociedad allí existente
Y es que la competitividad del sector en materia de seguridad, no se puede limitar a la “seguridad interna” de ciertos destinos, sino que los espacios contiguos también deben de estar dotados de la seguridad necesaria. Si eso va ocurriendo, la “onda expansiva” de la seguridad se irá incrementando por el país, “algo” que todos estamos demandando. Por lo tanto, no menospreciemos el protagonismo que puede llegar a alcanzar la actividad turística en la mejora de la calidad de vida y en la seguridad integral de muchos países.
Por todo ello, la existencia y la divulgación de unas cifras positivas en la actividad turística de muchos países no son suficientes. Si desgranamos dichas cifras, nos podemos encontrar con carencias internas similares a las expuestas. Es por ello, que la sociedad y la actividad demandan manejos más rotundos e innovadores. Está en juego la mejora en la posición de los rankings turísticos y en la  calidad de vida de dichos países. La tarea es ardua y la transversalidad en las intervenciones totalmente necesaria.

miércoles, 2 de mayo de 2018

RECETAS CONTRA LA INSEGURIDAD TURÍSTICA.




Desde mi experiencia en el campo del turismo y la seguridad, me sigue costando identificar destinos e intereses que asuman como prioritario el tratamiento integral de la seguridad y su influencia en el sector cuando, es muy clara su situación y convivencia.
Considero que el tratamiento de la seguridad en el sector debe de comportar cierta inflexión que invite a “verse por un instante como le ven los demás”. Esa modulación de “nuestro yo como destino e interés turístico” generará buenas dosis de realismo, evitando con ello el autoengaño y el desarrollo de tácticas cortoplacistas que les alejan de soluciones lógicas y duraderas.
Pero la violencia e inseguridad no debe de hacer olvidar que una abrumadora mayoría de destinos viven su realidad turística con total normalidad-seguridad y donde son muy visibles el conjunto de sus virtudes y atractivos. Sin embargo, si dichos destinos comienzan a verse condicionados por la injusta y desproporcionada incidencia de ciertos actos violentos; convendría que se tuviera en cuenta esa “duda creativa” que la inseguridad genera en todo país cuando se es productor de experiencias y vivencias turísticas.
Partiendo de las dudas que genera la inseguridad, si se dispusiera de una pócima mágica y de poder distribuirla por todo el planeta, posiblemente su creador obtendría un reconocimiento a todas luces merecido. Sin embargo, la propia idea de la pócima mágica es posible que nos remita hacia el autoengaño antes aludido. Por lo tanto, cuidado con los “efectos milagro” en esta materia ya que la seguridad, exige una labor ardua y basada en procesos del todo innovadores.
Llegados a este punto de la innovación, sería conveniente interiorizar que, la seguridad turística sería más fácil de alcanzar si existiera una seguridad previa de tipo social y ciudadana. Pero además, sería conveniente que el país interiorizara que, la aportación de su sector turístico puede ser más amplia y decisiva a la hora de alcanzar la tan anhelada seguridad o paz social.
Si esa aportación e implicación turística no es percibida por la sociedad y por el propio sector, la travesía por el desierto podrá ser larga y desoladora, porque la violencia e inseguridad tiende a hacer acto de presencia por espacios de tiempo más cortos y concretos pero, a la vez, la tendencia es que reaparezca con mayor asiduidad.
Por lo tanto, serán necesarias transmitir respuestas, ideas y procesos más atractivos y convincentes, donde la actividad policial deberá de ir acompañada de otras y así evitar que la inseguridad siga ocupando un espacio excesivamente amplio en sus sociedades.
Respuestas que deben de partir de la propia indagación, de saber cómo les ven desde fuera, pero sobre todo “mirando y percibiendo su realidad turística y social tal y como realmente es”
La inseguridad que crea la violencia en los destinos turísticos se debe a la falta de relaciones abiertas dentro de la propia estructura nacional. Por lo tanto, la lucha contra la inseguridad implica una disposición a trabajar en situaciones atípicas para que no terminen en un bucle o en varios círculos cerrados, donde el hermetismo y las parcelas de influencia y poder se vuelvan inamovibles, favoreciendo con ello la consolidación de escenarios de inseguridad que en nada benefician al sector aunque, las cifras lleguen a informar de lo contrario.

En definitiva, y para superar ese bucle en las actitudes del sector se debería de tener en cuenta factores como: primar la seguridad, el saber cómo y porqué nos perciben de determinada manera, la aparición de “dudas creativas” entre los gestores turísticos, evitar la tentación de apostar por las soluciones mágicas e incrementar la relación entre sociedad y sector para, ir alcanzando mayores cotas de seguridad y con ello, mejorar los niveles de calidad de vida y de los servicios.




martes, 27 de febrero de 2018

INSEGURIDAD TURÍSTICA: EL LLAMATIVO PROTAGONISMO DE LAS CIFRAS EN EL MARKETING DE LOS DESTINOS.





Nos está tocando vivir una época donde la información fluye en todas direcciones y donde su ciclo de vida se acorta siendo sustituida de inmediato por otras informaciones igual de fugaces. Una información donde priman los aspectos cuantitativos frente a los cualitativos. Así podemos ver que en el turismo internacional imperan los rankings, los likes, indicadores, los tenedores, las estrellas, las espigas, todo tipo de clasificaciones, datos de llegadas, inversiones, pernoctaciones, de ofertas, mercados, conexiones, atractivos, establecimientos singulares,  y todos ellos, traducidos en cifras.
En este escenario, cuando un destino turístico sufre los efectos de la violencia e inseguridad tiende a auto chequearse con mayor profundidad y asiduidad. Chequeo que se puede percibir, salvo pequeños matices, en la actitud y reacción de la mayoría de los destinos del planeta cuando viven con realidades violentas e inseguras.
Chequeo que conlleva la traslación estratégica de ciertas realidades hasta convertirlas en cifras y datos muy concretos. Con esa actitud se tiende a simplificar y a facilitar la comprensión de los mensajes entre los mercados “sin que estos pierdan mucho tiempo en interpretarlos”. Simplificación que desea orientar el interés de los turistas hacia unos parámetros positivos y con ello solapar otras realidades. El uso de los fríos números aplaca el desconcierto que produce la inseguridad, lo que permite a los destinos considerar que pueden “llegar a compararse a otros con mejor perfil”. Llegados a este punto, la necesidad de auto convencimiento entre los responsables del destino es tan grande que, proyectar esas cifras y darlas como absolutas, lo consideran como el mejor antídoto contra la violencia e inseguridad.
Por ello, los destinos priman su percepción e imagen frente a otros contenidos sociales y sectoriales en este caso, a través del uso de estudios e informes numéricos. Parece que al sector turístico no se le asigna otra misión que la de gestionar su propia reputación y la de sus respectivos países. Y es que puede haber distintas maneras de gestionar los destinos turísticos, su disposición ante la inseguridad, la forma de medir y utilizar diferentes datos y cifras, el privilegiar otros criterios y descripciones, etc.
Desde mi punto de vista el uso reiterado de datos y cifras, no es más que otra expresión de la lucha por un mayor protagonismo en torno a esa falta de políticas y recursos a la hora de apostar por el desarrollo turístico y la seguridad. Gráficamente estas actividades de proyección, en muchos casos inverosímiles, nos recuerdan el estrecho margen que dispone el sector para poder defender sus intereses dentro de sus propios países que, admiten el valor del turismo y la seguridad, pero que lo hacen de una manera puramente testimonial.
Por lo tanto, superemos lo anecdótico que supone el uso desmedido de las cifras a la hora de defender la realidad condicionada de los destinos y, ubiquémoslo dentro de un contexto político y social mucho más amplio y comprensible. Y veremos que la pertenencia a un país inseguro que no es capaz de visualizar a un sector que sobrevive muy condicionado por la violencia y sin apenas herramientas y políticas transversales; no supone más que vivir con una permanente zozobra e inestabilidad social y sectorial.

La existencia de ministerios verticales como grandes compartimentos estanco, no les exime a los gobiernos de tener que mejorar la seguridad en la actividad turística, lo que redundará en la seguridad de su ciudadanía. No estamos hablando más que de otra “moderna infraestructura o servicio” que beneficia al país y a su exportación (turística).

jueves, 22 de febrero de 2018

MENCIONAR LA SEGURIDAD TURÍSTICA DE LOS DESTINOS. ¿GENERA RECHAZO ENTRE SUS RESPONSABLES?




Como lo he expresado en varias ocasiones, partimos de una realidad  objetiva. El turismo es un sector sensible y vulnerable en situaciones de inseguridad y con la repercusión que puede alcanzar a nivel interno y externo.
Por derivación; hablar de seguridad en el sector, es algo que crea inquietud e inestabilidad porque se considera que, puede alcanzar el objetivo contrario al perseguido, y que no es otro que, aumente la alarma social y sectorial lo que supondría “más presencia tangible” de una inseguridad, ya de por sí incómoda.
Sin embargo, el hecho de profundizar sobre la seguridad en el sector; es algo que se proclama como imprescindible para la buena marcha de la actividad.
Por lo tanto, se identifican unos conductas que van, desde evitar toda mención hasta la petición de asistencia para que se pongan en marcha mecanismos más firmes ante una violencia que, ya incide claramente en la captación de turistas y de inversiones.
Si se llega a este último extremo, es muy probable que la inestabilidad sea mayor porque, a la inseguridad que siempre ha estado presente, se une el reconocer que “ahora ya nos afecta de verdad”
Y entonces aflora, más si cabe, el temor por la inseguridad y se intuye que “estamos siendo chequeados en exceso” por los mercados emisores. Por lo tanto, se genera un doble temor; se teme a la inseguridad existente y a la vez, a las consecuencias y percepción negativa entre los mercados. Y ello hace que se esté forjando en el sector, una fuerte aversión al rechazo del destino, de sus intereses y atractivos.
Pero se ha de pensar que, en la mayoría de los casos, cuando se rechaza un destino, no lo es por motivos estrictamente turísticos, sino por otros factores ajenos pero coincidentes con la realidad turística. Normalmente, son “lagunas del país” las que afectan al sector productivo turístico.
Cuando un mercado y sus turistas rechazan un país - destino por violencia e inseguridad, se debe de interiorizar que dicho rechazo le está ayudando a descartar y a la vez a mejorar ciertos servicios y mecanismos. No es que el país – destino no sea lo suficientemente atractivo y seductor, sino que los turistas y mercados opinan que se han de revisar algunos detalles.
Por lo tanto, pensar que la solución a los problemas de seguridad en el sector dependen exclusivamente del mismo o por el contrario, pensar que los van a solucionar otros agentes y colectivos sin la implicación turística; es evitar tomar nuevos compromisos y responsabilidades, lo que agrava la situación.
En este sentido, destinos afectados por la inseguridad, siguen pensando que es preferible apostar por las campañas de marketing especializadas y llamativas  antes que admitir la necesidad de participar en la mejorar la seguridad integral del país y de los destinos. Es un rechazo irracional del sector que se sigue reprimiendo y ocultando para no ser “más rechazado” desde los mercados.
Por lo tanto, se ha de intentar que el sector ni quede paralizado ni sin participación en la mejora integral de los escenarios turísticos. Se debe de superar “el hacer lo mismo todos los años” cuando la violencia e inseguridad sigue estando presente.
No se debe confundir la mejora o modernización de ciertos procesos con el desarrollo de nuevos hábitos desde y para el sector. La asunción de esos nuevos hábitos, algo más profundo y constructivo, hará que las reacciones y actitudes previsibles ante la violencia vayan desapareciendo. En definitiva, se han de tomar serias decisiones para superar escenarios o zonas de confort excesivamente asentadas.


jueves, 1 de febrero de 2018

SEGURIDAD TURÍSTICA: NUEVOS TIEMPOS - NUEVA IMPLICACIÓN




Que se analice y califique a los destinos, cuando conviven con la inseguridad e inestabilidad, hace que se cree una inquietud mal disimulada entre sus responsables.
Las opiniones de los grandes prescriptores de viajes, desde los medios genéricos y específicos, las nuevas centrales de opinión y comercialización hasta las recomendaciones oficiales de los gobiernos; es algo que les afecta, aunque les cueste admitirlo.
En la mayoría de los casos, el sector asume posturas de “acuerdo – contención” con la violencia e inseguridad con tal de mantener el estatus y una posición privilegiada entre los mercados. Con ello se intenta solapar, consciente y estratégicamente, hechos y realidades negativas que pueden llegar a emborronar y obstaculizar el normal desarrollo de la actividad.
Postura muy enraizada la de solapar, hasta el punto de que una mera iniciativa tendente a investigar y verificar la incidencia de la seguridad en los destinos puede ser percibida como una “actividad contraproducente” y, por lo tanto, no ser tenida en cuenta. Es más, en bastantes ocasiones, el profundizar en la seguridad por cierto, elemento clave para el propio sector; no sólo no doblega a los que la rehúyen, sino que les convencen de que hay que seguir evitándola.
Otros ejemplos, como la organización de discretas reuniones, congresos, seminarios y cursos específicos, no llegan a convencer a los escépticos sino que, en muchos casos, estos ven reforzadas sus tesis de seguir evitando los foros e intervenciones de esta naturaleza. En definitiva, no les interesa que se hable de lo que “no interesa”, y con ello evitan que surjan marcos de opinión sobre temas espinosos.
La aparición de este escudo protector y lleno de suspicacias en el sector, se debe a que durante mucho tiempo, se ha visto indefenso ante la manipulación, ante los castigos injustos y desproporcionados que no le correspondían, ante las tácticas de la competencia y todo ello adobado, con una escasa capacidad de interlocución interna. Pero por eso mismo, considero que han de ir combinando esta actitud defensiva, con la asunción de nuevas funciones.
Llegados a este punto. ¿Cómo convencer al sector público – privado de una mayor implicación en seguridad siendo conscientes, como son, que la seguridad es factor fundamental de su actual y futura competitividad?  ¿Cómo convencer…?
…Cuando ellos conocen mejor que nadie sus propias fisuras en esta materia
…Cuando la gran cantidad de energías y fondos que se dedican la imagen del destino, no llegan a convencer del todo a los mercados emisores y turistas
…De la necesidad de “introducir otras formas y contenidos” cuando los gestores turísticos, son auténticos expertos en la filigrana de la comunicación.
…Que llegar a la súplica en la negociación con los mercados no es sino una expresión gráfica de las carencias (de seguridad) existentes en los destinos que representan
…Que en dichas negociaciones los interlocutores de los mercados exigen sin exigir “nuevos escenarios” y más garantías (de seguridad)
…Que han de presentarse en dichas negociaciones con sólidos argumentos turísticos y de servicios ajenos al sector
…Que solapar cierta información no sirva para mucho cuando probablemente el interlocutor dispone de una información más amplia y detallada sobre la realidad social y de seguridad del propio país – destino
Ante este escenario, considero que los que estamos en esta trinchera del binomio “turismo y seguridad” también debemos de realizar nuevos esfuerzos orientados a intentar convencer a los que no lo están. Pero no solamente para que reconozcan que se deben de implicar más y de diferente forma, sino para que realmente se impliquen.
Para ello deberemos de usar diferentes enfoques, dando a conocer los motivos y rebatirlos para ampliar la implicación del sector pero desde los sentimientos, colocando la fría lógica en un segundo plano. Debemos dotarnos de gran empatía y sensibilidad, debemos darles la palabra y mucho tiempo para que se explayen, conectarnos emocionalmente y abordar los escenarios y puntos más sensibles cuando la confianza sea franca y notable.

En definitiva, todos seguimos teniendo pendiente el reto de una mayor implicación en el binomio seguridad y turismo. Una argumentación que persuada desde el más profundo conocimiento de  la situación, ayudará a que todos aportemos algo más desde nuestros diferentes puntos de vista.